Por: Jorge Forero
Soy hijo y nieto de campesinado, me gradué del Liceo Nacional José Joaquín Casas en Boyacá. Economista, de cuatro universidades públicas. La Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, donde por ser de los estratos 1 y 2 pagábamos un salario mínimo de matrícula. Hoy día, gracias a la política de Estado, es gratuita para esos estratos, la mayoría del departamento y del país. Salí luego de mi primer semestre a la Universidad de Antioquia y sorprendentemente, por ser de esos mismos quintiles de la población pagaba $1.000 de matrícula. Con un programa de intercambio llegué a la Universidad Nacional de Colombia en Bogotá y, luego de mi examen de admisión, me quedé homologando todo. En ese tiempo pagaba de matrícula el 10 % de un salario mínimo.
Con otro programa de intercambio fui a la Universidad de Guadalajara, hice estudios en TLC y economía internacional, y pagué lo mismo que en Colombia, aunque allá era gratuito para mis colegas mexicanos. Volví a Colombia y me gradué luego de 5 años de haber iniciado en la UPTC. Sin esos derechos ganados en la lucha de décadas, incluso de centurias, del movimiento estudiantil, trabajador y profesoral, no hubiera podido graduarme de Economista en 2010. Soy el primer profesional de mi núcleo familiar. Mis padres por la desigualdad propia de Colombia no terminaron la secundaria y mis abuelos/as apenas sabían firmar. Y para ellos, su sabiduría campesina y su malicia indígena fue suficiente para ser grandes mujeres y hombres e inspirarnos a decenas de sus descendientes. Tengo linaje de gente muy sabia.
Terminé el pregrado y me aventuré a una “beca” de maestría con la Universidad de Los Andes. Fue duro el choque de venir de la universidad pública, a un sistema rígido y pensado desde la educación norteamericana. Duré un semestre, dado que para pagar la matrícula trabajé medio tiempo en Congreso Visible que me permitió aprender de la dinámica del Congreso de la República, sin embargo no tuve total disponibilidad para leer material 90 % en inglés y de un área distinta a mi pregrado. Una materia no cumplió el promedio requerido y lo único que me ofrecieron fue pagar a cuotas la matrícula de los semestres que me quedaban. Beca endeudamiento, diría uno, modelo COLFUTURO dirían otros. En ese tiempo, 2010, esa matrícula superaba los 15 salarios mínimos mensuales por semestre, sin contar, claro, los gastos de manutención. No pude seguir. Mi siguiente trabajo, el tercero como profesional, y era bien pago en una entidad del Estado nombrado, apenas si superaba los 4 salarios mínimos mensuales. No habría como pagar. Me dediqué a trabajar y dejé esa maestría en el olvido.
Ocho años después de mi grado y ya habiendo trabajado en el impulso, la negociación y la primera fase de la implementación del Acuerdo de Paz, me presenté a una beca con la Comisión The Fulbright Program Fulbright Colombia para hacer un programa de desarrollo profesional en Desarrollo Rural, Medio Ambiente y Construcción de Paz totalmente financiado por el US Department. En año y medio estudié inglés profesional en la Estatal University of Montana, Desarrollo Rural y Cambio Climático en la University of California, Davis, pública, la más prestigiosa y ranking número uno en el mundo en estas áreas, y una afiliación profesional con el United States Institute of Peace. Volví a Colombia y por consejo de un colega del USIP terminé la maestría en Ciencia Política en UniAndes; me recibieron después de 9 años con la condición de que tenía que pagar y atender todos los cursos pendientes sin perder ninguna materia. Me ofrecieron pagar a crédito. Tuve que “invertir”, como ya se piensa en la lógica de lo privado, más de 30 millones de pesos del 2020, es decir, más de 36 salarios mínimos mensuales más intereses, para graduarme. A plata de hoy casi 60 millones de pesos.
En California conocí a una de las creadoras de SerPiloPaga. Tuvimos una acalorada discusión que nos distanció. Ella defendía su obra, yo NO concebía que los dineros públicos fueran a financiar, en el tercer país con más desigualdad en ingresos, apenas superado por Namibia y Sudáfrica, a las universidades privadas, como se hizo con ese programa. Era perverso que mientras universidades como la Nacional, la de Antioquia y la del Valle, en el top 5 de las mejores del país, se estuvieran literalmente cayendo a pedazos, mientras que los Andes, el Externado, la Javeriana, solo por mencionar algunas, claramente aumentaron su cobertura y su infraestructura con ese programa. Además, según yo era perverso, en el sistema de clasismo colonial que sigue operando en Colombia, que se le diera a “elegir” (Friedman) a los jóvenes más empobrecidos del país dónde estudiar: 1. Si donde nunca hubieran podido siquiera soñar, las privadas, sinónimo de prestigio y de éxito, o 2. dónde no podían ingresar porque los exámenes de admisión no se los permitían, las públicas.
Y a estas últimas no se lo permitían porque no tenían la infraestructura o cuerpo docente para aumentar más cupos, mientras en las privadas, especialmente en las de élite, las sillas sobraban y esa plata del Estado que pagaba a máximo costo de matrícula a los “pilos” les potenció el negocio de la educación. Un articulo del Observatorio de la Universidad Colombiana de 2022 lo resumía así “De 39.998 beneficiados, 6.956 no terminaron el programa y, de estos, a 4.052 el Icetex les está cobrando jurídicamente para que devuelvan lo que el Estado invirtió. Hay casos de suicidios por ello.”
COLFUTURO creado en el gobierno neoliberal de Gaviria, inaugura la captura privada de los servicios públicos del Estado, que debían prestarse como un derecho y terminan en los amigos de los políticos de turno en el sector privado. Importante que COLFUTURO haya permitido la educación de, según sus cifras, más de 16 mil estudiantes de maestría especialmente, si bien según Isabel Londono-Polo, Ed.D , que se presenta a sí misma como “creadora de COLFUTURO” (…) “Colfuturo nunca fue un programa diseñado ‘para los pobres’. Su objetivo era crear una masa crítica de colombianos/as con formación de posgrado de excelencia para soportar el crecimiento tanto del sector público como privado con talento nacional”.
Y claro, al no ser un programa creado para pobres, y en un país con más del 50 % de la población en la informalidad y con al menos el 40 % con ingresos por debajo de la línea de la pobreza monetaria, pues se rompe cualquier posibilidad de superar las desigualdades estructurales de la población. Las mismas cifras de COLFUTURO demostraron cómo el programa impactó en sus más de 30 años apenas al 26 % de la población profesional venida de los estratos 1, 2 y 3 del país. Y en el 1 y 2, conectando con mi relato de origen, apenas al 6 %. Que el estrato 5 y 6 haya concentrado el 41 % de los recursos del programa es una desfachatez. En términos neoliberales una forma de seguir formado a la élite en las mejores universidades del mundo para seguir mandando en Colombia, con plata pública. Un Agroingreso Seguro de la educación. Y Agroingreso seguro puso en la cárcel a Uribito.
Concuerdo con quienes critican al gobierno que no se ha anunciado cuál será el reemplazo para becas en el exterior. Me uno a ese llamado. Como con SerPiloPaga o con los créditos del ICETEX, se le debe garantizar los recursos suficientes a los estudiantes que dependían de estos para terminar sus estudios y graduarse. Ahora bien celebro que esta administración haya invertido en financiar doctorados en universidades colombianas que también son de alto nivel y a las que ha sido muy difícil acceder por los altos costos. Celebro la reciente aprobación de la reforma a la Ley 30, por la que luché en mi tiempo de estudiante en el pregrado cuando además, hacía Investigación Acción Participativa por la Reforma Agraria y la Paz.
Así mismo que quede claro que es importante que el sector privado apoye la educación, pero en el neoliberalismo y su poder político en el Congreso de Colombia no han permitido que pasen las reformas tributarias mínimas para poder hacer un Estado fuerte que mande estudiantes a las mejores universidades del mundo, ojalá sin la presión de préstamos que pueden volverse impagables. La evidencia nos lo deja claro. Si vamos a seguir con estos programas que de fondo sean para combatir la desigualdad estructural y públicos y transparentes.
Si me preguntan y un mensaje de cierre para el ministro de Educación, Jose Daniel Rojas Medellín, le propongo fortalecer un esquema de cooperación sur-sur-norte donde se aproveche la gran oferta de posgrado gratuito de alto nivel para los estratos más bajos de la población. Creemos un sistema que permita rastrearlos en Latinoamerica, Europa, Asia, Oceanía y Norteamérica. Hay mucha oferta porque mientras en Colombia se quiere estudiar, es cada vez menos en el mundo. Yo le apostaría a un sistema de 70 % para las clases populares y 15 % para 5 a 6. Eso mismo para el acceso a todas las universidades públicas en los pregrados que se llenaron de gente de las capitales que vienen de colegios privados y "les quitan de buena fe" la posibilidad a las mayorías de los/as jóvenes de sectores populares que no pueden competir en los exámenes de admisión. Cupos por departamentos definidos desde los exámenes de admisión donde al menos el 70 % de los admitidos vengan de colegios públicos. Es decir, buscar profundizar que la universidad y la educación pública en este país tan desigual sea motor para superarla.
