Congresistas del partido Demócrata en EE.UU rechazan la ofensiva injerencista de Donald Trump en las elecciones presidenciales de Colombia, quien ha respaldado públicamente al ultraderechista Abelardo de la Espriella de cara a la segunda vuelta el próximo 21 de junio. Fuentes cercanas a los demócratas le contaron a RAYA el revés que podría sufrir Trump en las elecciones de noviembre próximo y cómo De la Espriella, por su nacionalidad gringa, también podría ser fiscalizado por la justicia de ese país a raíz de los abusos que pueda cometer en el marco de su alianza con Trump.
Por: David González Martínez
El segundo mandato de Donald Trump marcó un rumbo más agresivo en la ya complicada relación de Estados Unidos con la región. El poder blando y los puentes diplomáticos quedaron sepultados bajo la ofensiva «Donroe», como llamó el mandatario estadounidense a la estrategia de injerencia directa, coerción dura y chantaje con la que busca dominar lo que considera su hemisferio. Para eso ha contado con aliados locales que priorizan los intereses de Estados Unidos frente a cualquier otro competidor, incluso, a veces, frente a sus propios intereses nacionales.
Entre esos aliados está Abelardo de la Espriella, el candidato ultraderechista, que es respaldado directamente por Donald Trump y los alfiles de su punta de lanza hacia la región. Así, por ejemplo, Marco Rubio, director del Departamento de Estado, declaró ante el Congreso de los Estados Unidos que su país trabajará para garantizar que haya una "elección libre y justa" en la segunda vuelta presidencial de Colombia —la que enfrentará el próximo 21 de junio al candidato del Pacto Histórico, Iván Cepeda, con De la Espriella—, un día después de que Trump se metiera de lleno en la campaña colombiana al anunciar su respaldo a De la Espriella, calificándolo de "inteligente, fuerte y decidido".
El presidente Gustavo Petro denunció que Trump rompió un acuerdo de no intervenir en las elecciones y criticó abiertamente la postura de Rubio. "No entiendo a Donald Trump ni al señor Rubio. Tienen que definirse", dijo Petro. Y en su más reciente discurso desde el Consejo de Seguridad de la ONU, que Colombia precederá, aseguró: “hoy tengo al presidente de Estados Unidos apoyando a un candidato explícitamente, rompiendo su constitución.”
Pero la ofensiva de injerencia en Colombia no se limita a los mensajes. El vicesecretario de Estado Christopher Landau —quien se autodenomina "el Quitavisas" por utilizar la revocación de visados como herramienta de presión política— amenazó con retirar visas y prohibir el ingreso al país a quienes traten de manipular la segunda vuelta del 21 de junio. La advertencia iba acompañada de un detalle que no pasó inadvertido: Landau señaló que la administración Trump está "monitoreando de cerca la situación en la costa Caribe y en otras partes”. En eso, el gobierno de Trump está coincidiendo con la campaña de De la Espriella, lo cual ha sido denunciado como injerencia indebida por parte de los gringos.
Las acciones de injerencia de Estados Unidos no son nuevas, pero se consolidan hoy y rompen su papel de neutralidad en la contienda política colombiana. Sin embargo, Trump ya había mostrado de lo que era capaz con bombardeos ilegales en el Caribe, la captura directa de mandatarios como Nicolás Maduro, la amnistía a políticos aliados como el expresidente de Honduras Juan Orlando Hernández, condenado por narcotráfico y quien salió a organizar una célula digital para atacar a gobiernos progresistas de América Latina, el escándalo del Hondurasgate. La lista de acciones es larga, pero eso es apenas lo que se conoce.
Pero esa injerencia directa de Trump en la región tiene resistencias dentro del Capitolio Nacional. Cada vez son más las voces del partido Demócrata que se oponen a la ruptura democrática y al abuso de poder del mandatario estadounidense, quien además hoy pasa por sus niveles más bajos de respaldo popular a las puertas de las elecciones de noviembre de medio término. Unos comicios donde podría perder el control de las dos cámaras y terminar su mandato debilitado. Incluso, podría enfrentar un juicio político por los conocidos abusos de poder.
Una fuente cercana a sectores demócratas manifestó a RAYA estar preocupada por la creciente injerencia de Washington en Colombia. “Lo de De la Espriella sugiere que está en contacto permanente con funcionarios de EE.UU. (...) pero además, levanta la pregunta de para quién trabaja. Si tiene evidencia de compra de votos, debe ir a las autoridades colombianas, no a los EE.UU.”, afirmó.
Y advirtió: “los republicanos perderán por lo menos una cámara y tal vez ambas en las elecciones en noviembre. Después los demócratas van a investigar el abuso de poderes de este gobierno. Así que los republicanos no estarán en el poder para siempre, y quienes se prestan para estos abusos estarán bajo la lupa.”
Varios congresistas demócratas también rechazaron públicamente la injerencia de Trump en la política de Colombia. La congresista demócrata Delia Ramírez del estado de Illinois, y lideresa del movimiento a favor de una nueva política de Buenos Vecinos, en contra de la Doctrina Donroe, dijo a través de X: “Las intervenciones de los EE.UU. en los procesos libres y democráticos latinoamericanos tienen que terminar! Donald Trump y el gobierno de los EE.UU. tienen que respetar la voz y voto de los colombianos y deben terminar cualquier esfuerzo para seguir interviniendo en sus elecciones. El futuro colombiano pertenece a los colombianos”

El Congresista Gregory Meeks del estado de Nueva York, Miembro Demócrata senior del Comité de Asuntos Internacionales de la Cámara Baja de los EE.UU. dijo: “El pueblo Colombiano tiene que decidir el futuro de Colombia. No Donald Trump o cualquier otro gobierno extranjero”.

Así Adelita Grijalva, democrata por Arizona, dijo: “¿Qué pasó con ‘América Primero’? Mientras familias en los EEUU apenas tienen dinero para sus comestibles, Trump está apoyando un candidato de la extrema derecha en otro país. Los Colombianos deben decidir su propio futuro, no políticos en Washington.”

Estas declaraciones se dan en un contexto geopolítico de avance de derechas autoritarias subordinadas a los intereses de Washington, muy bien descritas en la doctrina Monroe que RAYA ha venido analizando. Colombia es su siguiente territorio en disputa.
Y en ese marco, las naciones latinoamericanas ceden soberanía a los intereses corporativos y extractivistas con sede en Estados Unidos. Desde el argentino Javier Milei hasta Daniel Noboa —otro ciudadano estadounidense presidente de una nación sudamericana—, los ejemplos abundan en el vecindario.
La fórmula es la misma: un gobierno autoritario que debilita el Estado, negocia recursos estratégicos y se subordina totalmente a Washington en un escenario cambiante de la geopolítica global. No en vano, las principales propuestas políticas de Abelardo de la Espriella van en esa dirección: reducción del 40 % del Estado, retorno del extractivismo “a lo que dé”, cesión de soberanía a bases militares estadounidenses en suelo colombiano, uso de la justicia extranjera como sustituta de la nacional e, incluso, la dolarización y el cierre del Banco de la República.
En resumen, la propuesta de Abelardo de la Espriella es la mutación de Colombia hacia una nación subordinada a intereses extranjeros, en la cual el cargo del presidente funcionaría más como un administrador respaldado por algunos políticos MAGA de La Florida y el hoy debilitado gobierno de Donald Trump. Y queda la pregunta: ¿Será Colombia gobernada por un ciudadano estadounidense? O más bien como dijo el profesor y politólogo colombiano Francisco Gutierrez en su última columna en El Espectador al hablar de los peligros para la soberanía nacional del candidato de La Espriella: “¿Firmes por la patria? Si acaso firmes por Miami”
