Las tazas de porcelana halladas en el galeón San José, uno de los naufragios más estudiados del Caribe, fueron objeto de una columna de opinión con datos imprecisos. Los investigadores del galeón aclaran que las piezas no estaban rotas por mal manejo, que el ataque fue de la armada inglesa y que la cerámica corresponde al periodo Kangxi, traída por rutas comerciales francesas en el Pacífico.
Por: Antonio Jaramillo Arango y Daniela Vargas Ariza
Análisis especial para RAYA
En todo trabajo de investigación académica hay una etapa —cada vez más importante— de comunicación pública de los resultados. En ese proceso, las investigadoras y los investigadores damos a conocer hallazgos parciales o finales para que sean discutidos, apropiados e incluso rebatidos por colegas especialistas y por el público interesado en nuestros temas de trabajo.
Las conferencias académicas y la publicación de artículos especializados hacen parte de esa estrategia de comunicación, pero también lo son las entrevistas, las notas de prensa y, por supuesto, las columnas de opinión. Durante los últimos dos años, los aquí firmantes hemos estudiado la colección de porcelana de exportación presente en el Área Arqueológica Protegida del Naufragio del Galeón San José, la más importante de inicios del siglo XVIII en todo el Caribe. Aunque hemos publicado y presentado nuestros resultados en distintos espacios, ante la columna de opinión del profesor Manuel Salge Ferro en La Silla Vacía, titulada “La tasa rota del galeón San José” (luego rebautizada “¿La taza rota del galeón San José?”), hemos querido ofrecer una respuesta respetuosa y apegada a la práctica del diálogo académico, público y abierto.

Más allá de la costumbre del profesor Salge de modificar sus propias publicaciones para corregir los errores más evidentes (como la confusión menor pero sintomática entre “tasa” y “taza”), una actitud ya denunciada anteriormente por el doctor Ricardo Borrero, la columna publicada en La Silla Vacía contiene un número importante de imprecisiones que es necesario señalar para mejorar la comprensión del periodo histórico y del contexto de estas tazas (que no son objetos aislados, sino piezas que permiten entender cómo se conectaban Asia y América en 1700).
Entendemos, tal y como se indica en un anuncio inicial de la columna, que el texto y las opiniones allí vertidas no comprometen a La Silla Vacía como medio, y que la edición posterior fue realizada por Manuel Salge de manera individual tras conocerse más fotos de los objetos recolectados. Sin embargo, la primera versión web de la columna alcanzó a circular ampliamente entre especialistas e interesados y, aun cuando ya no es posible encontrarla en línea, siguen existiendo documentos en PDF que se comparten en redes sociales. Por ese motivo es de especial interés comentar las diferencias entre las dos versiones.
En la primera versión de la columna de Salge (la de la “tasa”), se afirmaba que una pieza mostrada en una fotografía aparecía rota en otra. Esta afirmación respondía a una confusión evidente: la taza de la primera imagen corresponde a otro modelo (es decir, tiene otra forma y otro diseño) distinto del que aparece en la segunda. En la versión corregida de la columna (la de la “taza”), se modifica esa apreciación y, afortunadamente, se retira la acusación categórica de un mal manejo por parte del equipo responsable de la recolección. Ninguna de las fotos presentadas por Salge prueba una manipulación indebida, y él mismo eliminó esa afirmación. Lamentamos, sin embargo, que aun sin sustento permanezca una sombra de duda, aunque ya no atribuible directamente al profesor, sino a un difuso “quienes afirman”.
La toma de muestras o fragmentos controlados es una actividad muy común en arqueología, incluso la subacuática, pues permite hacer análisis especializados y evitar intervenir piezas completas, que son difíciles de acceder en sitios arqueológicos. No vemos que haya mayor polémica en esto.
Damos por válida la retractación de Salge en forma de cambio de versión, pero consideramos que las imprecisiones históricas que permanecen en la columna rebautizada siguen mereciendo respuesta.
En el enfrentamiento en el que resultó hundido el galeón San José no fue perpetrado por corsarios, como afirma Salge. Sabemos que es atractiva una imagen de un Caribe infestado de piratas y corsarios ávidos de botines. Sin embargo, fue la armada inglesa la que emboscó al San José y su flota. Esto no es menor, pues es gracias a ello que la armada inglesa conservó las bitácoras de sus naves, lo que ha servido al equipo de investigación para conocer más aspectos de la batalla.
También afirma el profesor Salge que las tazas del San José son del tipo conocido como porcelana kraak. Sin embargo, esta atribución no se sostiene ni desde el análisis cerámico no intrusivo realizado en el yacimiento anteriormente ni desde la observación de los ejemplares recientemente recolectados. La porcelana kraak declinó de manera significativa con la caída de la dinastía Ming en 1644, y su presencia en un naufragio ocurrido en 1708 implicaría un improbable proceso de almacenamiento de varias décadas y una secuencia comercial que no coincide con los circuitos de porcelanas activos para inicios del siglo XVIII.
Por el contrario, tanto la morfología como los rasgos decorativos y, de manera decisiva, los sellos presentes en las piezas del San José confirman que se trata de porcelanas azul y blanco del periodo Kangxi (1662–1722), de la dinastía Qing. Si bien es cierto que los motivos son inspirados en tradiciones previas, incluida la decoración por paneles característica de las kraak, lo que puede generar confusiones en observaciones no especializadas, el año de otros objetos asociados, la forma de las tazas, la calidad de los dibujos y las marcas identificadas permiten descartar cualquier atribución a aquel tipo característico de la dinastía Ming.

https://www.instagram.com/p/DRX24PFAZof/?img_index=1&igsh=ZHM1MzNqaGIyanh3
Por último, quisiéramos comentar la reconstrucción de la ruta tomada por las porcelanas que presenta el profesor Salge. En nuestras publicaciones, entrevistas y presentaciones hemos insistido en que, para el periodo entre 1701 y 1716, el Pacífico americano se abrió a los comerciantes franceses. Estos establecieron una ruta directa entre Cantón y el virreinato del Perú, mucho más rentable y barata que el contrabando que venía desde Manila por vía Acapulco, en México, y que es la ruta que se señala en la columna retocada. Debido al contexto histórico de los años en los que el galeón San José navegó en el Caribe, es mucho más probable que las porcelanas chinas atravesaran el Pacífico siguiendo la ruta de los franceses y no la propuesta por Salge. Esto nos ayuda a comprender mejor el comercio y la conexión entre Suramérica y Asia durante la Globalización Temprana.
https://estudiosamericanos.revistas.csic.es/index.php/estudiosamericanos/article/view/1157
Queremos agradecer al profesor Salge por escribir su columna. Siempre es un privilegio que el tema de estudio que nos ocupa y apasiona también interese a otros colegas, y más aún a uno tan reconocido. Sin embargo, no podemos dejar de señalar lo que consideramos inconsistencias, puntos debatibles y abiertos errores de su columna rebautizada y retocada. En eso consiste el diálogo académico, y nosotros también estamos abiertos a corregir nuestras propias investigaciones ante señalamientos debidamente argumentados. Sin embargo, hemos percibido que muchos de nuestros colegas que se declaran abiertamente críticos con el proyecto Hacia el Corazón del Galeón San José no asisten a nuestras presentaciones, no leen nuestras entrevistas ni revisan nuestros artículos académicos. Esperamos que esta actitud cambie para poder mantener un debate público y abierto, pero esta vez más informado y manteniendo un nivel académico a la altura del interés que suscita el naufragio del galeón San José.
