El exsenador y hoy precandidato presidencial David Luna publicó este domingo 1 de febrero un pronunciamiento en sus redes sociales en el que reaccionó a un reportaje de la revista RAYA: La investigación por narcotráfico en la que quedó mencionado el exsenador Luna por un hombre que coordinaba el envío de 200 kilos de cocaína desde Santa Marta hasta Australia. En su pronunciamiento, Luna no respondió de fondo a los hechos documentados y denunciados ni aportó evidencias verificables para controvertirlos; en cambio, centró su mensaje en descalificar a RAYA y en sugerir que se trataría de un “montaje” en su contra. En periodismo, la diferencia entre una refutación y una descalificación es simple: la primera se hace con evidencias; la segunda, ataca al mensajero y cambia el debate del tema central.
La investigación publicada por esta revista mostró cómo en marzo de 2022 la Fiscalía interceptó las llamadas telefónicas de un hombre llamado Xavier Ochoa, quien para ese momento planeaba el envío de 200 kilos de cocaína desde Santa Marta hacia Australia. En esas mismas comunicaciones, que se dieron antes, durante y después de las elecciones al Congreso de 2022, se mencionaron asuntos relacionados con compra de votos para candidatos del partido Cambio Radical. Y en esas mismas interceptaciones, el hombre habló de una reunión que sostendría en Barranquilla con David Luna y con su suegro Augusto García, quien había sido clave en su campaña y quien fue investigado por el escándalo de Odebrecht.
Que un nombre aparezca mencionado en una interceptación no equivale, por sí solo, a una imputación penal. Pero se convierte en un dato de interés público cuando se trata de un senador electo mencionado en un expediente por narcotráfico, más aún, cuando lo que revelan las conversaciones también son actos de compra de votos que, misteriosamente, la Fiscalía calificó como proselitismo político. Incluso, la misma Fiscalía hizo seguimientos a esa reunión denunciada por RAYA y sobre la que el ente investigador mantiene total hermetismo.
En su pronunciamiento, Luna no controvierte de manera específica el contenido central documentado por RAYA. No desvirtua que las llamadas existieron, tampoco que fueron interceptadas y mucho menos que los nombres que aparecen allí no sean los de ellos. El precandidato tampoco desvirtuó que ambos estaban en Barranquilla en la fecha de la supuesta reunión. No se trataba de “una reunión política multitudinaria”, como el candidato lo sugiere. La llamada concertaba una cita entre el investigado por narcotráfico, el entonces recién electo senador Luna y su suegro Augusto García. Luna no aporta en su pronunciamiento elementos verificables que desvirtúen esos registros o que expliquen por qué su nombre aparece en ese contexto. La pregunta de fondo es simple: ante ese hallazgo de interés público ¿debía la prensa guardar silencio?
En cambio, Luna asegura sin pruebas que la investigación está conectada directamente con un debate de control político que realizó en junio de 2024 al entonces director de Inteligencia, Carlos Ramón González, hoy requerido por la justicia. Según su tesis, a raíz de ese debate se orquestó en su contra un montaje para relacionarlo con el narcotráfico y que prueba de ello es la investigación de esta revista. Pero, ¿cuáles son las pruebas para afirmar eso? ¿Cuáles son los elementos que demuestran la conexión entre uno y otro suceso? Hasta ahora, en su pronunciamiento público, Luna no presenta documentos, registros, decisiones judiciales o evidencias verificables que sostengan ese grave y tenebroso señalamiento. La prensa libre en Colombia no se une con organismos del Estado para espiar.
La grave acusación de que RAYA hace parte de un complot en su contra orquestado desde el Gobierno Petro se cae de su peso, pues el documento revelado data de marzo de 2022, época del fiscal general Francisco Barbosa y del gobierno de Iván Duque, al cual Luna y su partido apoyaron. Es un documento legítimo que reposa en los anaqueles de la Fiscal General.
El precandidato presidencial enmarca la investigación, así como las revelaciones periodísticas de otros colegas, como la publicada sobre su compañero en la Gran Consulta Aníbal Gaviria, en un plan orquestado para atacarlos por su aspiración. La pregunta es inevitable: ¿toda revelación periodística que los involucre de ahora en adelante hace parte de un ataque orquestado en su contra? Esgrimir ese argumento se convierte en una respuesta fácil con la que trata de blindarse ante cualquier tipo de información que se publique sobre ellos. No es una actitud democrática para quien hoy es un precandidato a la presidencia de Colombia, que está expuesto a un escrutinio mayor a cualquier otro ciudadano.
Luna dirige su respuesta atacando la revista que publica la investigación, en lugar de rebatir la información publicada. Con base en un convenio de coproducción entre RAYA y el Sistema de Medios Públicos (RTVC), el precandidato sugiere que la revista es una “bodega”. Esa afirmación es falsa y estigmatizante.
Revista RAYA tiene un convenio de coproducción con RTVC, estrictamente delimitado, cuyo presupuesto y aporte de las dos partes está 100% destinado a la realización de dos productos para la televisión pública. El ejercicio periodístico en estas producciones es totalmente autónomo e independiente. Ese convenio no incluye —ni condiciona— la agenda de investigación de la revista, sus decisiones editoriales, sus fuentes, ni su proceso de verificación. RAYA no recibe instrucciones de contenidos por parte de RTVC ni consulta a funcionarios públicos los temas que investiga. La relación con RTVC empieza y termina con el objeto contractual de la coproducción. En términos periodísticos, esto se llama “muro de separación” o firewall editorial: la financiación de un producto no define la agenda ni el contenido de las investigaciones.
Por último, el precandidato cuestiona el rol de la Fiscalía y alega a su favor la falta de respuestas del ente investigador. Ese es, precisamente, uno de los puntos que subraya la investigación: pese a que la Fiscalía tuvo conocimiento de lo que esas llamadas revelaban, como la compra de votos, la indagación no derivó en apertura de investigación ni en compulsa de copias ante la Corte Suprema de Justicia. Por el contrario, dilató, archivó y nunca aclaró por qué el nombre de Luna quedó mencionado junto a otros congresistas electos en esos comicios por el partido Cambio Radical, como Arturo Char, Modesto Aguilera, Antonio Zabarain o Betsy Pérez, en medio de llamadas que realizaban presuntos narcos.
La Revista RAYA reafirma su compromiso con la investigación rigurosa, la ética y la búsqueda de la verdad. No es momento de atacar al mensajero, el tema central es el mensaje que hasta hoy no ha sido desvirtuado.
ARTÍCULO: "La investigación por narcotráfico en la que quedó mencionado el exsenador David Luna" https://www.revistaraya.com/la-investigacion-por-narcotrafico-en-la-que-quedo-mencionado-el-exsenador-david-luna.html
