La visita de Peter Thiel, fundador de Palantir, a la Casa Rosada reavivó las alertas sobre el rumbo del gobierno de Javier Milei. El encuentro se llevó a cabo con un hermetismo extremo: ni siquiera la prensa acreditada tuvo acceso. En Argentina, la concentración de bases de datos estatales, el avance de reformas favorables a grandes corporaciones y la creciente influencia empresarial en decisiones públicas alimentan el temor de que el país se convierta en una dictadura con un laboratorio de poder tecnológico, vigilancia y control de los ciudadanos.
Por: David González M.
La visita de Thiel a Argentina es una escena más de una serie de alertas que evidencian que el gobierno de Milei lidera un laboratorio de desmonte democrático que puede convertir a una de las potencias sudamericanas en una colonia digital. Dos rasgos tiene el experimento social: neoliberalismo autoritario y desmonte del Estado social de derecho por orden de corporaciones.
La llegada de Javier Milei al poder fue vista primero como una anomalía en la política tradicional argentina, disputada por la izquierda kirchnerista y las derechas oligárquicas. Pero, tras dos años de gobierno, empieza a adquirir rasgos de algo distinto: un autoritarismo subyugado a intereses corporativos. El historiador e intelectual italiano Enzo Traverso la describió así: “Milei es hoy en día una especie de laboratorio de una tendencia global”. ¿Qué características tiene ese experimento? ¿Y cuál es el peligro de las reuniones del fundador de Palantir con un gobierno acorralado por acusaciones de corrupción y con un bajo respaldo popular?
Palantir y la disputa por el control de los datos
En RAYA hemos advertido sobre los riesgos que la corporación tecnológica Palantir, aliada de Israel y Estados Unidos en sus guerras, representa para los pueblos. Por eso, la reunión de su CEO con el presidente de Argentina, ocurrida la semana pasada, va más allá de un encuentro empresarial más. Puede simbolizar el desembarco de una arquitectura de poder en un Estado debilitado por la corrupción, la pobreza y el deterioro institucional.
Palantir ha centrado su tecnología en procesar grandes volúmenes de datos públicos para tomar decisiones de poder a través del manejo tecnológico de esa información. Genera Estados y empresas dependientes de su tecnología y, al no contar con un marco regulatorio claro, puede convertirse en un arma para los abusos de poder.
La plataforma de Palantir desarrolla análisis de macrodatos mediante inteligencia artificial, especialmente en el campo de la seguridad nacional. De hecho, uno de sus brazos inversores iniciales fue la propia CIA, de la que es contratista. La empresa empezó a ser más conocida después de saberse que sus soluciones tecnológicas se usaban en operativos de deportación de migrantes en Estados Unidos. A través del cruce de información y del control de las bases de datos públicas, se obtenía la ubicación de posibles sujetos a expulsar. Organismos de derechos humanos la han descrito como un “monstruo digital”, un sistema de vigilancia masiva y control social que puede llegar a ser utilizado en la persecución política de ciudadanos y opositores.
Peter Thiel, CEO de Palantir, es además autor de un texto que tituló: "The Technological Republic, in brief", donde, palabras más, palabras menos, redefine el rol de las corporaciones tecnológicas como actores militares y geopolíticos, alejándolas de la neutralidad comercial y posicionándolas como primera línea de la defensa de la civilización occidental.
El texto de Thiel dice que no todas las culturas tienen el mismo valor, defiende el poder duro y afirma que las empresas tecnológicas estadounidenses tienen la obligación moral de participar activamente en la defensa de su país, posicionando el software y la inteligencia artificial como el nuevo factor de disuasión global. Lo más peligroso para América Latina es que en el manifiesto se habla de un pacto entre imperios tecnológicos y geografías que funcionarán solo como "colonias digitales".
Estas colonias serán las naciones periféricas que entregarán el control de su información y de sus bases de datos a corporaciones tecnológicas extranjeras como Palantir. Desarrollarán una nueva condición de dependencia radical, perderán su soberanía real y serán apéndices de un imperio tecnológico global.
Esto que suena a ciencia ficción no lo es en la Argentina que ha venido moldeando Milei. La Secretaría de Inteligencia de Estado (SIDE) emitió el decreto 941/25, por el cual unificó todas las bases de datos del Estado: Renaper (identidad), ARBA (fiscal), Migraciones y servicios de asistencia social. Esto fue un paso previo a la hermética reunión entre Milei y Thiel. El experto en IA argentino Ariel Garbarz advirtió que la corporación es un “monstruo digital" financiado con fondos reservados públicos, que permite la inteligencia encubierta y el monitoreo exacto de la población. Agrega que es una herramienta tan aplicable a una contienda electoral, para manipular la voluntad popular, como a un conflicto bélico, transformando al ciudadano en un flujo de datos monitoreado por el poder central.
Milei, por su parte, ha facilitado el desmonte de los controles democráticos. Él mismo tiene como pilar ideológico a Hans-Hermann Hoppe, autor de Democracia: el Dios que fracasó, y percibe al sistema republicano como un mecanismo de "parásitos" que obstruye la creación de riqueza. Ese escenario es lo que el historiador italiano Enzo Traverso define como "posfascismo".
Y no son pocas las señales. Milei ha gobernado mediante el uso de una figura política en Argentina que se llama Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU), que elude el control del Congreso. Así, por ejemplo, con el decreto 496 se permitió al Ministerio de Seguridad inscribir a personas en la lista de terroristas sin orden judicial. Además, con la ley antimafia se permiten detenciones de hasta 30 días por “averiguación de delitos” sin condenas previas.
Pero quizás lo más problemático, y lo que es un antecedente peligroso para lo que pueda lograr Palantir en Argentina, es que Milei ya ha dado muestras de querer una simbiosis entre el Estado y las corporaciones.
Del Estado Social argentino a una colonia digital de un orden posfacista
Investigaciones periodísticas revelaron que uno de los DNU emitidos por Milei, el conocido como mega-DNU, no fue redactado por tecnócratas del gobierno, sino por estudios jurídicos corporativos: Brouchou & Funes de Rioja y el estudio Lisicki & Litvin. Ese DNU contiene propuestas que armonizan con la derogación de la Ley de Abastecimiento y la Ley de Góndolas, delineadas por el lobby de las corporaciones alimenticias.
Pero quizás el caso más grave es el de la contrarreforma laboral impulsada por Marcos Galperin, exdirector ejecutivo y fundador de Mercado Libre, cara visible de esta captura estatal. Galperin, el hombre más rico de Argentina, fue el aliado ideológico de la reforma, el gestor y el principal beneficiario de las nuevas normativas.
La reforma para los trabajadores argentinos salió a su medida, e incluso usó su empresa como modelo de flexibilización y de obtención de beneficios corporativos directos. Una empresa muy cuestionada en la región por sus prácticas laborales.
Andrea Gómez* contó a RAYA cómo su paso por Mercado Libre fue una experiencia traumática. Al principio contaba con varios beneficios laborales, por ser una experta sénior en tecnología. Después de unos meses, le pidieron optimizar todos los procesos a través de inteligencia artificial. Explicó a RAYA: «¿Esto qué significaba? Reducir tiempos de ejecución de proyectos de experiencia de usuario, reducir tiempos en la validación de ideas, reducir tiempos en las interacciones, reducir tiempos en los testeos con personas usuarias, reducir tiempos en la escritura y en el diseño: todo lo que se pudiera reducir en tiempos generaba ganancias para Mercado Libre».
Los trabajadores siguieron las instrucciones, crearon agentes para optimizar los procesos con las mejores inteligencias artificiales y, cuando esto llegó a su punto máximo, empezaron los despidos masivos. «Cuando ya íbamos muy avanzados con esto de la inteligencia artificial, cuando nuestros procesos ya estaban mucho más optimizados, pues nos despidieron a todos. O bueno, en este caso a la mayoría de los escritores de contenido. Esto fue el 8 de enero de 2026». Solo en enero de este año despidieron a 119 empleados en toda la región.
Es de esperar que la visión laboral de Galperin, materialice ese tipo de trato a los trabajadores. El pasado marzo el Congreso argentino aprobó la reforma laboral con varias alertas para los sindicatos: bancos de horas para evitar pagar horas extras, extensión del periodo de prueba a seis meses, jornadas flexibles de hasta 12 horas al día y facilitar la tercerización laboral. Incluso, Galperin impulsó el pago de salario con billeteras digitales de Mercado Pago, pero esa propuesta sufrió modificaciones en el Congreso.
Además, mientras Argentina vive recortes drásticos en salud y educación a causa de su crisis económica, Mercado Libre obtuvo en 2025 un incremento del 50 % en exenciones fiscales. En ese escenario llega el fundador de Palantir a la Casa Rosada.
El modelo del laboratorio Milei, reflejado en el papel de las corporaciones en las decisiones de políticas públicas en Argentina, apenas da sus primeros pasos. Ese totalitarismo tecnológico y neoliberal, donde el Estado queda reducido a un mero administrador de la exclusión de los pueblos, es un modelo que aplauden desde el eje de Silicon Valley y que esperan ver en qué resulta en Argentina.
En este modelo, la ciudadanía es reducida a sujetos que son flujos de datos bajo la lupa de Palantir y que existen en la medida en que rinden ganancias a las corporaciones, tal como las peores distopías cyberpunk. De consolidarse el modelo Milei, el sueño de la libertad absoluta para el mercado daría nacimiento a un sistema de control y opresión sin precedentes en el extremo sur del mundo.
