En respuesta al debate actual, que se ha suscitado en torno a la transparencia, independencia y responsabilidad ética del periodismo, y los medios de comunicación, frente a diferentes factores de poder, queremos compartir con nuestras audiencias la postura editorial de la revista RAYA sobre estos temas.
RAYA nació del trabajo colectivo de compañeras y compañeros, de diversas disciplinas, interesados en aportar a la democratización de la información desde la pluralidad política y cultural, y ofrecer una lectura distinta del país a la que históricamente ha impuesto el establecimiento. Lo hacemos desde una perspectiva progresista, en defensa de los derechos humanos, la paz, las diversidades, lo público y los intereses de los pueblos: de quienes han sido marginados e invisibilizados. Aspiramos a producir información veraz, de calidad y con vocación de alcanzar a las grandes mayorías, especialmente en un ecosistema mediático donde amplios sectores sociales son privados del acceso a información rigurosa sobre asuntos que no suelen entrar –o entran distorsionados– en las agendas de los medios hegemónicos. Esa apuesta se extiende a una lectura del mundo que no se subordina a las agendas dominantes de las grandes agencias internacionales: sostenemos una mirada latinoamericanista, de solidaridad entre los pueblos, reivindicamos la autodeterminación de las naciones y asumimos una postura anticolonial.
Desde nuestro ejercicio periodístico, hacemos un control permanente a los poderes. Cuando hablamos de poder, no nos referimos exclusivamente al gobierno: el poder opera en múltiples instancias institucionales o de facto, entre ellas las otras ramas del poder público, los gremios económicos, potencias extranjeras, los medios tradicionales, los grupos armados ilegales, los clanes y los partidos políticos, entre otros que inciden de manera decisiva en la vida pública. A todos estos poderes los investigamos con rigor, profesionalismo e independencia.
En esa misma línea, mantenemos un espacio de coproducción para dos programas con la televisión pública: uno de investigación y otro de debate. Esta alianza permite que una parte de nuestro trabajo llegue a audiencias y territorios donde históricamente no se habían escuchado –o se habían mantenido temas vetados o ignorados por los grandes medios– temas relacionados con los poderes reales del país. Nuestros artículos, investigaciones, análisis y programas no están condicionados editorialmente por esa relación de coproducción.
Por estas razones, y con el ánimo de aportar claridad en un momento marcado por la coyuntura electoral y por una discusión intensa en el campo periodístico nacional, manifestamos a nuestras audiencias lo siguiente:
La Revista RAYA no está comprometida ni articulada con ninguna campaña política en curso, ni con ninguna candidata o candidato. Esto no niega que nuestros principios –expresados aquí y en nuestro manifiesto fundacional– puedan coincidir, en puntos específicos, con propuestas políticas que se enmarcan en el campo democrático. Respetamos la pluralidad de visiones que se expresan en la contienda electoral y mantenemos nuestra misión de vigilancia sobre el proceso en curso, así como sobre los poderes institucionales y de facto que influyen en él.
Reconocemos que el avance de las extremas derechas y el fascismo en el mundo han impactado el escenario nacional. En Colombia, la radicalización de sectores de derecha y la degradación ética de varios medios masivos de comunicación, articulados a sus intereses, han propiciado el auge de discursos de odio, antidemocráticos y negacionistas; también a narrativas regresivas frente a los derechos de las mujeres y las diversidades, y a un guerrerismo alarmante que, en ocasiones, relativiza o incluso reivindica violencias históricas, incluida la del accionar genocida del paramilitarismo.
Ante este panorama, no somos neutrales. En RAYA no tienen cabida discursos que promuevan odio, negación de derechos o justificación de violencias. No vamos a fingir neutralidad frente a posturas que consideramos contrarias a nuestros principios y, además, incompatibles con el marco constitucional y con obligaciones del derecho internacional en materia de derechos humanos. Que esas posturas acumulen simpatías, apoyos, o incluso lleguen a imponerse en escenarios de poder no las vuelve aceptables. El presente y el futuro del país exigen una postura firme frente a quienes ejecutan genocidio, niegan derechos y frente a quienes aplauden. Seguimos apostando por los pueblos, por la paz y por la dignidad humana.
En los últimos días se ha reabierto un viejo debate nunca superado, a pesar de los avances y reflexiones suscitados por el acuerdo de paz y particularmente por los informes de la Comisión de la Verdad, que reproducen estigmas, prejuicios y peligrosos señalamientos, que, como la historia lo ha demostrado, terminan significando verdaderas tragedias para individuos y colectivos señalados desde los imaginarios de la doctrina del enemigo interno.
En un contexto electoral y de alta polarización, las acusaciones injustificadas sobre algunos medios de comunicación del campo alternativo, sin sustento creíble, basadas en prejuicios, análisis sin contexto, verdades a medias, incluso, en informes de inteligencia viciados, muchos de ellos convertidos "goebelianamente" en “pruebas incontrovertibles” para ciertos sectores de la prensa y organizaciones políticas, alimentan la estigmatización y pueden incrementar riesgos de violencias; además, todo eso significa una carga injustificada e insoportable para quienes la padecen. Con ellos nuestra solidaridad.
Por eso, recordemos un principio básico del periodismo: en discusiones de esta gravedad, el estándar no puede ser la sospecha. Debe ser la evidencia. RAYA reafirma su compromiso con un periodismo independiente, riguroso, crítico de todos los poderes y con una ética que defiende el pluralismo sin convertirlo en campo de señalamientos ni en herramienta de intimidación.
