Bolivia completa su cuarta semana de protestas, bloqueos y desabastecimiento tras la eliminación parcial de subsidios que elevó 86 % el precio de la gasolina y más de 180 % el del diésel. En entrevista con RAYA, Adriana Salvatierra, ex presidenta del senado boliviano y reconocida politóloga latinoamericana sostiene que Rodrigo Paz traicionó el voto popular y lee su gobierno como parte de una estrategia regional de Donald Trump.
Por: David González M.
Tambalea en Bolivia uno de los presidentes que acudió a la Florida a la criticada cumbre del Escudo de las Américas, convocada por Donald Trump. Rodrigo Paz, mandatario de derecha, posesionado en noviembre de 2025, enfrenta su primera gran crisis política y social: en la cuarta semana de protestas, el país vive bloqueos, choques y desabastecimiento en varias regiones.
La chispa fue la eliminación parcial de los subsidios a los combustibles, una medida que disparó el precio de la gasolina y el diésel y golpeó el bolsillo de una población ya afectada por la inflación, el déficit fiscal y el deterioro económico. Pero el malestar creció rápidamente y alcanzó a centrales obreras, organizaciones campesinas e indígenas, transportistas y otros sectores sociales que hoy mantienen movilizaciones contra el gobierno.
Para intentar contener la crisis, Paz Paz anunció el lunes 25 de mayo que él y su gabinete reducirían sus salarios en 50%. También acusó a a sectores opositores de desinformar sobre sus políticas. Sin embargo, las demandas han escalado: algunos sectores piden incluso su renuncia, mientras persisten bloqueos en La Paz y en otras nueve regiones del país.
En medio de todo esto aparece, una vez más, el peso político del expresidente Evo Morales. ¿Qué hizo mal el presidente Rodrigo Paz para llegar en pocos meses a una situación de ingobernabilidad? Para responder está pregunta, RAYA habló con Adriana Salvatierra, dirigente de la izquierda boliviana, y expresidenta del Senado durante el proceso de cambio de Morales.
RAYA: Para empezar, ¿cómo describe la situación actual en Bolivia? ¿Qué está sucediendo?
ADRIANA SALVATIERRA: A ver, creo que es una situación crítica en la medida en que ya empieza una crisis de carácter político. Ya tenemos de base una crisis económica muy fuerte, con una inflación que está en el orden del 20% interanual, con además un déficit fiscal profundo, con un nivel de endeudamiento creciente. Ya no solo con fondos de deuda interna, sino también con fondos privados; esa es la base de la crisis económica. Además, hay una crisis institucional que se arrastra desde 2024; las autoridades del órgano judicial empezaron a prorrogar, autoprorrogar en realidad, su mandato, superando los seis años correspondientes, y eso también ha generado una crisis institucional.
Y luego también está el tema de cómo las elecciones no han sido una herramienta que haya logrado dirimir las diferencias políticas; por el contrario, creo que las han acrecentado aún más y profundizado porque han sido producto de procesos de proscripción política que han derivado en que hoy día tengamos un escenario donde hay un gobierno que rápidamente es cuestionado en su legitimidad electoral.
RAYA: El gobierno de Rodrigo Paz lleva poco más de seis meses. ¿Las movilizaciones sociales responden a decisiones tomadas durante este periodo o expresan un malestar acumulado ?
ADRIANA SALVATIERRA: Tiene un poco de ambos. Yo creo que ya estamos en un momento donde es una crisis de Estado. Pero el gobierno también ha tenido sus aportes a esta crisis; diría principalmente dos. El primero de ellos es que ha traicionado el voto con el que fue electo. Porque él, por ejemplo, al principio en la campaña decía que no iba a acudir, en esta crisis económica estructural del déficit fiscal donde necesitamos construir un fondo de estabilización económica, a créditos internacionales. El gobierno dijo que no iba a apelar al Fondo Monetario Internacional, que a partir de ajustes internos al gasto público podría generar los recursos necesarios para cubrir el déficit fiscal. El gobierno prometió que la eliminación a los subsidios no iba a ser de carácter total, sino que iba a ser focalizada, es decir, manteniendo los subsidios al combustible para sectores que lo necesitaban, y no fue así.
El gobierno levantó parcialmente el subsidio, por ejemplo, de la gasolina, lo que implicó un incremento del 86% del precio final, pero en el diésel el incremento fue de más del 180%. Mientras, el salario mínimo apenas se incrementó en un 20%. Cuando llega dice que va a favorecer a los sectores más humildes, promete un bono universal para madres en el país. Y nada de eso sucede; en realidad lo que sucede es que elimina el impuesto a las grandes fortunas, elimina el subsidio al pan, favorece a la agroindustria con la libre importación de soya, cuando nosotros producimos un 80% de la soya que usamos de forma excedentaria. Favorece a la banca; entonces inicia con el Decreto 5503 un paquete de privatizaciones fast track para que en 30 días las empresas del Estado sean desmanteladas y los contratos no pasen por la Asamblea Legislativa, sino que sean aprobados por decreto.
Todas esas mentiras que profirió el gobierno durante la campaña, y que llegado el momento de asumir hace totalmente lo contrario, han significado la ruptura de la confianza electoral. Y algo que universalmente ha tocado el bolsillo de la gente fue el tema del combustible.
Porque todos sabíamos que se tenía que levantar la subvención; Bolivia era el segundo país después de Venezuela que más subvencionaba los combustibles. Eso ya era incontenible en nuestro gasto público, significaba casi la mitad de nuestro déficit fiscal. Pero cuando empezó a llegar el combustible, empezaron en enero las denuncias de combustible de mala calidad. Los vehículos empezaron a pararse, los motores a dañarse, los inyectores se echaron a perder, las válvulas de los motores, ni qué decir las motos; y no fue un conflicto aislado, no estamos hablando de 100 o 200, estamos hablando de miles de vehículos en el país. Al punto que el gobierno inicialmente lo negó, luego culpó a la gestión anterior diciendo que era gasolina heredada de la gestión anterior, lo cual era imposible porque en la anterior gestión no había gasolina. Después le echó la culpa a funcionarios que quedaban de la anterior gestión y que supuestamente habían saboteado la gestión de Rodrigo Paz.
Y finalmente la última denuncia fue de una supuesta red de manipulación en el transporte del combustible hasta Bolivia. Pero de todo eso lo que sucedió fue que miles de vehículos dañaron sus motores. Entre esos el mío, por ejemplo. A mí vehículo tengo que comprarle , cada cuatro cargas de gasolina, un aditivo que está en el orden de los 50 dólares y ya una vez tuve que llevarlo a la maestranza para que limpiaran los motores y me ha salido más de 500 dólares. Y así vehículos en todo el país. Entonces, eso dañó la confianza pública. La confianza pública está erosionada y las marchas siguen fuertes, según lo que se puede ver.
RAYA: Evo Morales ha planteado una plataforma de demandas frente al gobierno de Paz. ¿Qué están reclamando los sectores movilizados y hasta dónde pueden llegar las protestas?
ADRIANA SALVATIERRA: No, a ver, el presidente Morales lo que ha dicho es que hay una plataforma de demandas; en esa plataforma no está la renuncia. Y esa plataforma consiste en eso: no al Fondo Monetario Internacional, un compromiso de no privatizar las empresas del Estado ni de dilapidar los recursos naturales estratégicos a partir de contratos privados con transnacionales.
También arreglar el conflicto del combustible. La universidad pública salió a decir que, analizando la gasolina de los surtidores, la gasolina tenía ocho veces más goma de lo permitido en estándares internacionales. Entonces, arreglar ese conflicto. Ha sido básicamente eso la agenda y la plataforma de demandas de la movilización social de nuestro espacio político. Sin embargo, hay otras mucho más profundas. La Central Obrera Boliviana y la Federación de Campesinos han reclamado cómo de forma arbitraria se ha cercenado el acto electoral de la segunda vuelta en La Paz, declarando ganador en mesa al candidato del oficialismo, del partido de Rodrigo Paz, en la gobernación de este departamento.
¿Cuál es el devenir de las movilizaciones? Yo creo que las movilizaciones van a pelear sus plataformas de demanda legítimamente, y esto, ya independiente de cuál sea el resultado, creo que ha dejado muy erosionada la confianza pública del gobierno. Hay sectores que también piden la renuncia, y eso es clarísimo, y ese pedido es absolutamente legítimo en la sociedad.
RAYA: El gobierno de Paz retiró al embajador boliviano en Colombia después de los mensajes del presidente Gustavo Petro sobre la crisis en Bolivia. ¿Cómo lee esa decisión?
ADRIANA SALVATIERRA: A ver, yo te hablo en términos numéricos de lo contradictorio que es. Yo vengo de Santa Cruz, soy de Santa Cruz. En esta región predomina económicamente la agroindustria y el comercio; el 20% de la soya que exportamos tiene como destino Colombia. Entonces estamos hablando de un mercado muy importante para nosotros, para las exportaciones bolivianas y particularmente para las exportaciones del oriente boliviano. No entiendo cuál ha sido el impulso detrás de esta decisión, más allá de la torpeza diplomática. Creo que tiene muy poco tiempo para sostenerse por el flujo y el intercambio comercial constante que existe. Y creo que obedece principalmente ni siquiera a una voluntad propia; creo que obedece más a cómo ellos obedecen y se constituyen en peones locales de los intereses y de las disputas que tiene Estados Unidos en la región.
RAYA: En esta crisis también aparece el factor geopolítico. ¿Cómo se ha visto desde Bolivia el papel de Estados Unidos, del gobierno de Donald Trump y de Marco Rubio frente al gobierno de Rodrigo Paz?
ADRIANA SALVATIERRA: Mira, eso es parte de lo que ya manifestó Estados Unidos el 2025. Esta estrategia de seguridad nacional que denominaron «Doctrina Donroe», donde vuelcan su mirada a la región. Creo que hay que vincularlo con la filtración de HondurasGate, donde se demuestra que hay redes de asesores internacionales que intervienen en los procesos electorales y, a través de consultorías de comunicación política, promueven el aterrizaje de gobiernos que después son serviles. Son serviles en la entrega de recursos naturales, son serviles a la agenda de privatizaciones de Estados Unidos. Y hay que estar haciendo el seguimiento de aquello. Yo creo que a lo que normalmente era esta política del palo y la zanahoria en Estados Unidos aplicada a la región, se suma esto de cómo hay agentes civiles y estas organizaciones privadas que están también intermediando los intereses de Estados Unidos; este tipo de consultoras hace principalmente eso.
Y finalmente lo que creo es que esto también sucede producto de la necesidad de Estados Unidos de cohesionar la región, para mí, como antesala a un conflicto bélico de alcance global. Porque ese ha sido el comportamiento histórico de Estados Unidos; tanto en la Primera como en la Segunda Guerra Mundial ha promovido para la Segunda Guerra Mundial la antesala de la política del buen vecino. En el orden de la Primera Guerra Mundial, la antesala fue un organismo primario a la Organización de Estados Americanos. La Organización de Estados Americanos emerge después, pero ya antes había reuniones panamericanas. Y el panamericanismo nació también como antesala a la Primera Guerra Mundial. Entonces creo que son movidas que siempre hace Estados Unidos cuando prevé la posibilidad de conflictos a escala global. Esa necesaria cohesión hemisférica ahora para ordenar el patio trasero y poder enfrentar conflictos en adelante. Y eso viene, por supuesto, de diplomacia y violencia. Diplomacia cuando teje estas redes privadas, pero también a veces estatales; y violencia cuando utiliza la militarización de la política exterior como herramienta para lo que estamos viendo que hace en el Caribe. Para derribar lanchas, para secuestrar presidentes, para invadir países en nombre de la protección de sus intereses abiertamente. Y con la excusa del narcotráfico, que es algo que vimos acá incluso con el presidente Petro incluido hace ya un año en la Lista Clinton.
RAYA: Es un hecho, que hay una presión contra ciertos gobiernos soberanos y hay una amenaza también latente contra el expresidente Evo Morales. Él ha denunciado que hay un plan para capturarlo; ¿cuál es su opinión frente a esas denuncias?
ADRIANA SALVATIERRA: Buscan estigmatizar al trópico de Cochabamba, buscan responsabilizar a su figura, y lo que pasa es que es una sombra muy grande. Para nosotros en Bolivia, el último recuerdo de estabilidad política y estabilidad económica, sobre todo de bienestar económico, es Evo.
En el gobierno de Evo más de tres millones de bolivianos salimos de la pobreza. El gobierno de Evo construyó el 80% de las carreteras de este país, 5000 unidades educativas, las primeras doble vías. En el gobierno de Evo lanzamos nuestro primer satélite; en el gobierno de Evo se erradicó el analfabetismo. Entonces, el gobierno de Evo además significó un proceso de inclusión enorme que hoy día intenta, cada vez que vienen gobiernos de derecha, no desean construir sobre los cimientos de lo que ya fue acordado, impactos sociales enormes como ha sido nuestra Asamblea Constituyente, nuestra nueva Constitución, sino que vienen a intentar tocar las bases; tocar las bases de la inclusión, de la democratización de la riqueza. Creo que eso también es lo que despierta tanta protesta social. Que la gente conoció durante 14 años lo que es un Estado presente en tu vida. A través de la inversión pública que dinamiza el mercado interno, a través de los bonos y rentas sociales con los cuales se contribuye a democratizar la riqueza y se incide en el abandono escolar, en la motivación materna infantil.
Entonces, la gente supo lo que es un Estado presente en su vida. Y cuando existe este tipo de propuestas y de políticas que buscan, en medio de la crisis económica, replegar la participación del Estado en la economía y replegar el deber del Estado a proteger a la gente más humilde, la gente se levanta.
Hay procesos judiciales contra Evo que se acumulan desde la gestión de Luis Arce. Luis Arce fue el principal promotor de los procesos que hoy día enfrenta Evo Morales. Eso ha significado una fractura enorme dentro de nuestro movimiento, y esperamos que simplemente existan las condiciones para que ante una justicia imparcial Evo pueda presentarse, comparecer, hacer sus descargos y que la justicia determine. Nosotros confiamos en su inocencia. Confiamos además profundamente en su liderazgo, no por la promesa de lo que pueda hacer, sino por lo que ya hizo por nosotros.
RAYA: ¿Cómo ve el papel de la fractura de América Latina para resistir a esta Doctrina Donroe? Hacia dónde debería andar la unidad latinoamericana que, definitivamente, con estos gobiernos tipo Paz, Noboa, Milei, se ve más lejana.
ADRIANA SALVATIERRA: Lo que pasa es que hoy los gobiernos están aceptando ser peones, y no protagonistas de la integración; ser lugartenientes de los intereses geopolíticos de Estados Unidos en sus territorios. Eso les impide asumir la responsabilidad y el protagonismo necesario para promover el sistema de integración, como lo fue en su momento Unasur, como lo intentó Zelaya. Tuvieron tanto impacto además que, después de eso, intentaron gobiernos de derecha incluso articularse prescindiendo de la dirección frontal de Estados Unidos; lo que fue el Grupo de Lima y otros esfuerzos más. Pero a mí la verdad que me da nostalgia esa sincronización de voluntades, de liderazgos y de visiones que supieron orientar en mucho tiempo, yo te diría incluso desde nuestras independencias, supieron orientar una geopolítica pensada desde América Latina y pensada desde el sur. Pero estamos en un contexto distinto, y es un contexto que también dará nuevas luces de las resistencias locales para enfrentarlo.
RAYA: Es decir, la movilización social queda como camino para enfrentar esa andanada de la doctrina Donroe ante gobiernos serviles que no tienen interés en resistir. Desde esa coyuntura, qué tan importante es este momento de Bolivia para la región.
ADRIANA SALVATIERRA: Sería muy presumido de nuestra parte dar luces al continente de algo. Lo que sí puedo afirmar es que lo que se construyó en 14 años en el gobierno de Evo, la nacionalización de los sectores estratégicos y no solamente hidrocarburos; también se nacionalizó la telefonía, también se nacionalizó el sector energético, la presencia del Estado en la economía, en dinamizar el mercado interno, en contribuir a que la gente salga de la pobreza, eso son experiencias vividas. No nos van a contar, nosotros vimos cómo transformaron nuestra patria. Tengo la impresión de que no se ha arado en el mar. Hay una experiencia vivida ahí y esa experiencia vivida es la que fortalece el espíritu de los compañeros y compañeras que saben que se puede vivir distinto.
A veces creo que hablamos de cosas muy básicas, pero aquí en Bolivia, en el gobierno de Evo, casi los compañeros de mi generación, de 30 a 35 años, son muchas veces los primeros profesionales de sus familias. Son los primeros profesionales de generaciones y generaciones de indígenas y campesinos, y eso fue el proceso de cambio. Fue la posibilidad de que tus hijos puedan entrar a la universidad porque antes no lo hacían; que puedan terminar el colegio de ser bachilleres, que puedan aspirar a tener un emprendimiento. Son la primera, muchas veces, de generaciones también de padres que por primera vez consiguieron el título de la propiedad agraria. Yo creo que eso que hemos vivido como experiencia está ahí y ese impulso que necesitamos para recuperar lo que ya conocemos, esa posibilidad y esa esperanza de soñar una Bolivia distinta. Y creo que eso también sucede a escala continental. Creo que también sucede lo mismo en Argentina; creo que también sucede algo similar en Paraguay con Lugo y sucederá lo mismo con Petro. Si la gente vio que materialmente sus condiciones de vida cambiaron, esa es la semilla que se necesita para seguir luchando.
