EN LA RAYA

OPINIÓN

Por: Jorge Andrés Forero Gonzalez

En memoria de Reynaldo Campos y los más de 500 líderes sociales y ambientales asesinados en Colombia en los últimos 4 años.

Chibú Yswa, un saludo ancestral desde la amada Boyacá, un territorio de historia milenaria, descolonizadora y libertaria. La tierra donde Rondon y el pueblo negro, campesino e indígena “salvó la patria” y expulsó al invasor europeo, luego de recorrer las montañas, valles y páramos con la fuerza del alma llanera.

Hace 4 años invité con el título de “Si quieres cambios verdaderos pues camina distinto” a sumarse a la esperanza de país y apoyar la elección de Francia Marquez y Gustavo Petro a la Presidencia de la República y a hacer control político ciudadano a su mandato. La pandemia había evidenciado las profundas desigualdades de la sociedad colombiana y los jóvenes y familias más vulneradas salieron masivamente a un estallido social reclamando a la oligarquía un tiempo para el cambio. El pueblo fue superior a sus dirigentes y ese primer gobierno del cambio, como se enunció así mismo, llegó luego de 200 años de vida republicana y de la heróica hazaña de Rondón en Boyacá.

En el pasado, los intentos de gobierno para la paz con y la vida digna con Gaitán, Galán Jaramillo o Pizarro, fueron fuertemente reprimidos por la muerte criminal y profundizaron la narrativa de la guerra, a la que pareciera estamos condenados como amargamente lo dejó descrito en sus líneas Gabriel García Marquez. 

Sin embargo, con la elección de Petro, se consolidó un electorado que ve críticamente la realidad del país y está dispuesta a manifestarse con alegría y sin miedo por vía electoral, tan negada en décadas recientes dada la violencia política.

Se polarizó el país, dicen algunos, y tienen razón. En un ejercicio pedagógico y de conexión profunda del presidente con la gente se han podido dar debates nunca antes vívidos a nivel nacional relacionados con la capacidad de superar la estructural desigualdad en el país y se avanzó en políticas que han sido transformadoras como el salario vital, tierras y reforma agraria para el campesinado, el fortalecimiento de la educación superior pública y de los salarios de los soldados y las fuerzas militares así como el reconocimiento con un ingreso cada vez más digno del cuidado de las madres comunitarias y cabezas de hogar y las y los abuelos de la Colombia más vulnerados.

Hace 4 años tambien dije que las críticas al gobierno son sanas y permiten ahondar en un proyecto político amplio para el país. En ese sentido es imposible no mencionar que el estilo del presidente, muy centrado en su persona y emulando la vanidad, ha generado situaciones indeseadas para un liderazgo que debería ser colectivo. Su legado es indiscutible, ha sido hombre de mil batallas y entregado a sus convicciones, sin embargo, los escándalos de corrupción derivados de las alianzas con los partidos tradicionales y los abusos de poder en su círculo cercano son un llamado a avanzar en una agenda de país aún por construir y a muchas manos y corazones.

Afortunadamente la sociedad colombiana cada vez más madura para el conflicto, quizás más madura para la paz anhelada, es capaz de criticar al poder y burlarse de él. La oposición no fue reprimida en un avance sin precedentes y fuimos capaces de condenar la guerra desde todas las vertientes políticas y condolernos con los asesinatos de los más de 500 líderes sociales, como el indígena Makaguan Reynaldo Campos de Arauca presidente de ASOCATA y miembro de CONPI o del deprorable asesinato de Miguel Uribe.

La vida es sagrada, incluida la de los seres de la naturaleza y en esa tarea de respetarla en todas sus formas seguimos sumergidos con avances importantes al ser una sociedad que sabe mucho de construir paz, así los sonidos de la guerra quieran callarnos.

Algunos dicen que por ser el primer gobierno de cambio, la improvisación y la falta de conocimiento del Estado a nivel nacional o de la matriz de la corrupción que hay detrás de “ser poder” y no solo “ser gobierno”, dejaron abiertas espacios para perder la capacidad de marcar la diferencia de fondo. Quizás tengan razón. Escuchar todas las voces es importante.

Sin embargo, mirando en el vecindario, no podemos llamarnos a engaños, en el Gobierno Petro no se ha contado con las mayorías en el congreso que han permitido cambios sustanciales en sociedades parecidas a la nuestra como la de México, Brasil o Chile que en sus momentos con agendas progresistas han logrado transformaciones significativas poniendo de presente premisas como las venidas de tierra Zapoteca, “por el bien de todos primero los pobres”.

Estos 4 años pasaron muy rápido. El cambio no llegó a la escala que muchos esperaban y el pueblo pide más. El gran tema pendiente vuelve a la agenda como desde tiempos de Gaitán y Tisquesusa: la paz. 

Hoy día el dilema entre seguridad y paz, entre mano dura contra los “delincuentes” y la posibilidad del diálogo y negociaciones, parece una dicotomía. La paz total demostró que los vínculos con las economías ilegales siguen siendo el gran catalizador del conflicto armado y no se la logrado ir a lo profundo para resolverlo. La gente quiere paz y seguridad. Y pueden ir juntos. No son excluyentes, al final todos somos colombianos/as aún los más inmersos en las redes de la muerte.

Este 31 de mayo tenemos de nuevo en nuestras manos, en nuestro voto, la capacidad de hacer la diferencia. Son millones los/as indecisos/as, los grandes medios de comunicación, las falsas noticias y el miedo vuelven a ser protagonistas en la agenda electoral. Lo fueron en el plebiscito por la paz y nos condenaron a un gobierno que quiso hacer trizas un Acuerdo Nacional.

Es tiempo de los pueblos, no de mesías ni de fe a ciegas. El control político a los que elegimos es fundamental y debe ser más fuerte en este nuevo gobierno. Los recursos públicos son sagrados y hay que honrar el trabajo colectivo que implica pagar impuestos, ser empresario, obrero y trabajadora para poder hacer grande esta nación de muchas naciones y de todos los territorios.

Que si hay que seguir insistiendo en la paz, no queda duda, desde todos los sectores y orillas la anhelamos. Aún quienes piden eliminación física y simbólica del “enemigo”. Otros a través de la posibilidad de hablar de reconciliación y de resolver las desigualdades sociales, de superar nuestro lugar en el sistema mundo capitalista y de hacer paz a favor de las biodiversidades que nos definen como país.

Frente a cómo votar, hay una línea que se esclarece en el porvenir del Ie Cho, del Buen Vivir, del Bienestar para las mayorías. Con Aida y Cepeda, que van a tener casi el mismo escenario en el congreso y de ahí la importancia de un gran acuerdo nacional para la paz cotidiana, en la política y en las zonas más afectadas por la guerra, tenemos la oportunidad de profundizar una agenda social capaz de poner a nuestra sociedad en el mundo más allá de la condena del subdesarrollo colonial. Que sea la alegría y no el miedo el que nos convoque a las urnas este 31 de mayo. ¡Por la paz, ni un paso atrás!

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Jorge Andrés Forero-González
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