Por: Jorge Andrés Forero - González
Desde el Plebiscito por la Paz en 2016 existe una tendencia que ha definido la oportunidad de salir de la Guerra en el país y que se pueden visualizar en la forma en que se han votado las últimas 3 elecciones presidenciales y que concuerdan con la pérdida del Plebiscito y las posteriores elecciones del presidente Duque, Petro y Abelardo. En las gráficas se puede ver como el centro del país, donde la institucionalidad es más fuerte y hay una herencia institucional más conservadora se ha definido de manera importante las elecciones. Resalta como extraordinario Bogotá que sin embargo en la elección de Abelardo brilló por una tímida votación adicional a Cepeda que no superó siquiera la de Medellín adicional, al ganador del pasado 21 de junio.

En 2016, la campaña del Plebiscito por la Paz coincidió con la campaña presidencial del primer mandato del presidente Trump con unos resultados muy similares. En las dos campañas y las encuestas de todos los “expertos” se daba por ganador el Sí en Colombia y a Hilary Clinton en Estados Unidos. Sin embargo, Trump fue el ganador y el Plebiscito por La Paz se perdió y abrió la elección a Duque que fue abanderado de los ganadores del No, que vencieron por estrecho margen de apenas por 50 mil votos; lo que representa es un poblado pequeño de cualquier departamento del país. El año 2016 inauguró una nueva forma de hacer política donde el mundo digital fue protagonista.
En esas 4 elecciones, según análisis nacionales e internacionales, se atravesó el impacto negativo de las noticias falsas, la desinformación a gran escala, el trending especializado y el uso de algoritmos sobre poblaciones específicas que hasta han llevado a sanciones a gigantes de la información como Meta, muy reconocido por sus plataformas de Facebook, Instagram y WhastsApp de las más populares en países como Colombia. En el plebiscito se logró en palabras del jefe de la campaña del No, Juan Carlos Velez “lograr sacar verraca a la gente a votar”! Se usó por ejemplo el enfoque de género del Acuerdo como un instrumento para decir que la educación pública modificaría sus currículos para promover el “homosexualismo”, o que se le entregaría gratis la mitad del país a las ex FARC y/o serían los Ministros y Jefes de Estado, que se expropiaría la tierra y las iglesias y demás mentiras, todo por cuenta de ese Acuerdo.
En Estados Unidos, se evidenció que Trump logró hacer una extraordinaria campaña de medios digitales, de uso de algoritmos con población específica por sexo, etnia, religión y posición social y económica, que ni las encuestas ni la campaña demócrata logró convencer al electorado y perdió. Este comportamiento electoral se ha visto en elecciones recientes alrededor del mundo dado a conocer como esta década ha estado marcada por el voto orientado desde el uso de las redes sociales donde Colombia reporta el 4 mayor número a nivel mundial de uso de estas plataformas.
En las elecciones de 2018 se usó contra Petro el miedo de “convertir a Colombia en Venezuela o Cuba” que por esos años además tuvieron una especial crisis humanitaria, política y social y ganó Duque con el soporte de los ganadores del No a la Paz que orientó su mandato en relación con la implementación del Acuerdo. En este escenario contrario a los Estudios Internacionales de Paz que urgen sobre la importancia de cumplir lo pactado en los primeros 5 años, el Estado colombiano no logró copar el territorio ni con fuerza pública, ni con lo acordado en 2016 en materia de infraestructura social, económica, cultural y política lo que hizo junto con la pandemia que se recrudeciera el conflicto armado en muchos territorios. Estos mismos miedos, mentiras, fakenews y uso de algoritmos sobre poblaciones específicas volvieron a las elecciones presidenciales de 2022, pero derivado del estallido social y la falta de política social de la administración Duque, Petro ganó y en su plan de gobierno y campaña puso de prioridad el Acuerdo de Paz. Ese mapa de 2022 y el de 2016 van a tener una similitud casi calcada, así como se verá en el de 2026.
Y no es coincidencia, las campañas electorales desde tiempos de la independencia han girado alrededor de la salida a la guerra en el país que parece no logra cerrar la larga noche de los 500 años para salir estructuralmente del conflicto armado interno. Y no ha sido menor en las últimas décadas. A Pastrana se le dio el mandato de hacer la Paz negociada que fracasó en el Caguán, a Uribe se le dio un mandato por 8 años de la Seguridad Democrática y que llevó al primer mandado Santos. A Santos 2 se le dio el mandato de continuidad del Acuerdo de Paz con las FARC que puso a soñar al país. Porque aún con la pérdida del plebiscito, en 2017 se vivió el año sin ninguna baja de las fuerzas militares asociadas al conflicto armado, las FARC dejó las armas y empezaron su proceso de reincorporación más de 13 mil firmantes que a la fecha según la Misión de Verificación de Naciones Unidas, cerca del 90% siguen en su vida civil. El baby boom de los exguerrilleros/as mostró el interés de poder participar en un país en paz y hoy cuentan más de 26 mil hijos e hijas de este histórico Acuerdo.
A Petro la Paz Total le salió mal, si bien quedan muchos aprendizajes para los procesos de negociación, no solo bastó la voluntad política, en la estrategia de negociación, los grupos armados y de delincuencia transnacional se aprovecharon de la buena voluntad de la administración Petro y los resultados fueron muy inferiores a lo que se esperaba. Y volvemos en 2026 al cuatrienio de priorizar la narrativa de la mano dura y la seguridad y la guerra contra el narcotráfico con Abelardo que ganó por estrecho margen como en el plebiscito de 2016 donde los medios digitales fueron protagonistas. Abelardo y Restrepo, este último que lleva en su familia directa 4 presidencias, hicieron una campaña extraordinaria de medios digitales que como Trump no fue vista por los encuestadores, ni por los “expertos” ni por la campaña de Cepeda. Además ganó Abelardo en el exterior otro factor que como una ventaja amplia de Petro en Bogotá, no tuvo Cepeda. En un escenario que considero será de alternancia de poder presidencial como se ha visto en muchos países de Latinoamérica e incluso de los Estados Unidos, vuelve la derecha, y los mapas del electorado muestran como el centro del País decide lo que pasa en los territorios de los que sienten en sus pieles la guerra.
