En medio de nuevas tensiones geopolíticas —sanciones, presión energética y bloqueo— el activista brasileño Thiago Ávila, vocero de la Flotilla Global Sumud, conecta la solidaridad con Palestina con las disputas por soberanía en América Latina. Desde Bogotá, afirma que el avance de proyectos autoritarios es un fenómeno global y llama a articular fuerzas territoriales —movimientos sociales, sindicatos y comunidades— para enfrentar lo que denomina un “nuevo fascismo” y completar la tarea de liberación latinoamericana.
Por: David González M.

Activista brasileño Thiago Ávila durante la Conferencia de la Internacional Progresista “Nuestra América”, en Bogotá (Colombia). 24 de enero de 2025.
Momentos difíciles vive el orden internacional: intensificación del bloqueo a Cuba, amenazas de guerra con Irán y los asesinatos que siguen tras un frágil acuerdo de paz en Gaza. En el centro de los acusados: los MAGA de Estados Unidos y el sionismo en Israel, dos aliados en el juego geopolítico con políticas supremacistas que cuentan con el respaldo de hombres multimillonarios al frente de las órdenes y las decisiones.
En febrero de 2026, la crisis de combustible en Cuba volvió a golpear servicios esenciales —incluida la salud— y coincidió con nuevas medidas de Washington orientadas a restringir envíos de petróleo hacia la isla. Vocerías de Naciones Unidas advirtieron que obstaculizar el acceso a combustible puede agravar una crisis humanitaria y afectar derechos básicos.
En el terreno, la presión energética también se reflejó en sectores como el turismo, en medio de cancelaciones y recortes de operaciones por falta de combustible. Ese tipo de restricciones —sobre energía o sobre ayuda— muestran cómo la geopolítica se traduce en vida cotidiana. En Gaza, esa lógica también opera a través del bloqueo y el control de suministros.
En ese mundo, los esfuerzos diversos de solidaridad, más allá de las diferencias, son ejemplos a destacar. Uno de esos esfuerzos fue, en 2025, el intento de una flotilla formada por una coalición de activistas y defensores de derechos humanos de más de 46 países. La famosa Flotilla Global Sumud intentó desafiar el bloqueo que impedía el ingreso de alimentos y artículos esenciales durante el genocidio en La Franja de Gaza.
Esa flotilla tuvo a Greta Thunberg, líder ambientalista global, y a la exalcaldesa de Barcelona Ada Colau entre sus principales figuras. Pero fueron más de 500 activistas, periodistas y trabajadores médicos quienes conformaron su variada tripulación. Y, aunque era una iniciativa civil, en aguas internacionales fueron interceptados por el ejército de Israel a 70 millas de la costa palestina.
Sus miembros fueron capturados y el objetivo de abrir un bloqueo humanitario no se cumplió. Sin embargo, su esfuerzo fue aplaudido desde distintas geografías. Uno de sus voceros para América Latina, el activista climático Thiago Ávila, se convirtió en una voz popular de la tripulación en representación de la región.
Tras las amenazas de la doctrina Monroe sobre las Américas, la deportación masiva de migrantes latinos maltratados por el ICE en Estados Unidos y los avances militaristas de su ejército sobre las aguas del Caribe, el activista brasileño habló con Raya Desde Bogotá, llamó a la solidaridad y a mantener las luchas colectivas contra lo que él llama un «nuevo fascismo» en el siglo XXI.
RAYA: En el escenario actual, el poder geopolítico también se ejerce a través de sanciones, control de suministros y presión energética, con impactos directos en la vida cotidiana. En ese contexto, ¿cómo describe a los Estados Unidos de Trump y qué tipo de proyecto político ve en marcha?
Thiago: Bueno, nosotros no tenemos ninguna dificultad en caracterizar a ese gobierno como un gobierno de aspiraciones y organización fascista. Y, como todo proceso fascista, hay que combatirlo de todas las maneras: combatir su política doméstica —el pueblo de Estados Unidos se está levantando— y combatir en todas partes su injerencia, sus ataques y su violencia. El imperialismo es el enemigo de la humanidad, el enemigo del futuro. Junto con el sionismo, hay que combatirlos hasta que se borren de la faz de la tierra.
RAYA: ¿Y cómo enfrentar un poder tan enorme como el que tiene hoy Trump? Usted dice que no es un problema “interno”, sino un fenómeno global. ¿Qué puede hacer la gente común?
Thiago: Lo más importante es que tengamos la capacidad de comprender que ese es un fenómeno global. Entonces, las soluciones requieren fuerza de bases en los distintos territorios y la comprensión de que eso cambia nuestra vida, nuestra cotidianidad misma; que no es algo pasajero, sino algo existencial, una amenaza existencial. La solución solo pasa por la unidad de todos los pueblos en contra del imperialismo.
Si nosotros unimos a todo el levante global por Palestina con el levante global por la soberanía de Latinoamérica y con el levante global por el fin de las violaciones de un sistema que explota, oprime y destruye la naturaleza —como es el sistema capitalista en su ideología económica neoliberal, en su etapa imperialista, expansionista y violenta contra los pueblos—, y si comprendemos eso y hacemos esa movilización con valentía, con coraje y con la multiplicidad de tácticas que todos los movimientos van a tener en la ciudad, el campo y el bosque, tendremos la capacidad de vencer.
El pueblo palestino está mostrando que, incluso bajo las más difíciles correlaciones de fuerzas, es posible derrotar los planes del imperialismo. El imperialismo va a seguir intentándolo acá y en otras partes, pero nosotros tenemos mucha más capacidad que ellos.
RAYA: ¿Qué aprendieron del intento de la flotilla por proteger a Palestina y rechazar lo que pasaba ahí, que puedan aplicar a los que estamos de pronto de brazos cruzados, creyendo que poco se puede hacer contra este poder?
Thiago: Sí. Creo que, tal vez, la enseñanza mayor de la flotilla es ampliar la imaginación política de las personas; comprender, primero, que hay que unirse. Hay que intentar hacer una unidad con los pueblos porque el movimiento de solidaridad con Palestina es muy amplio: tiene personas que vienen por convicciones religiosas, otras por pertenencia étnica, otras por comprensión antiimperialista o anticolonial, y personas que solamente no quieren ver niños siendo bombardeados.
Todo eso ha tenido la fuerza social de detener un proceso tan violento. Ahora ellos cambian las tácticas y siguen intentándolo, pero nosotros también tenemos nuestras fuerzas. En Latinoamérica y en todas las partes del mundo, tenemos que tener la misma capacidad de comprender que es del interés del 99 % que derrotemos a ese sistema y a ese proceso de injusticia. Movilizar a esa gente con multiplicidad de tácticas, de capacidad comunicacional, de vehículos y de maneras de hablar es algo necesario. El pueblo palestino resiste hasta el fin y la solidaridad internacional se moviliza de todas las maneras que puede. Con esa multiplicidad de tácticas lograremos la victoria.
RAYA ¿Qué puede aprender el resto del mundo de la lucha de Palestina?
Thiago: Lo fundamental es comprender que el sionismo —que es una ideología racista y supremacista— debe ser combatido porque no está restringido a Palestina. Eso quedó demostrado porque ellos interfieren para mantener sus armas viniendo de tantos países; interfieren para que los países empiecen procesos mucho más autoritarios en contra de su propio pueblo para que no se movilicen por Palestina. Entonces, la primera enseñanza es que el sionismo es una amenaza global.
La segunda enseñanza es que las falsas democracias del Norte Global, que vienen con su ideología liberal a decir que son los bastiones de los derechos humanos, la democracia, el modelo civilizacional y el desarrollo, mienten. Todo eso es falso. Son terribles y cruentas dictaduras que, cuando no se les obedece, son horribles con su propio pueblo. Y eso cambió para siempre. Las personas que comprendieron eso nunca más creerán sus mentiras. El pueblo palestino cambió la historia de la humanidad. Ellos piensan que las personas están protestando porque están un poco enojadas, pero calcularon mal: esto es una revolución; esto no va a parar.
RAYA: En Latinoamérica, ¿de dónde radica la fuerza para enfrentar esto?
Thiago: Tanto acá como en todas partes, la fuerza está en la gente, en los territorios. Es en la tierra, en la ciudad, en el bosque, en cada comunidad indígena, en cada quilombo, en cada pueblo de trabajadores campesinos, en cada organización sindical, en cada movimiento social contra las opresiones y en cada organización de barrio. Ahí se encuentra una potencia gigante que, si unimos fuerzas, nos hace invencibles. La verdad es esa.
Latinoamérica es ese espacio donde se puede poner una semilla de grandes cambios para que las cosas fructifiquen. Yo sé que aún tenemos una tarea que cumplir; la tarea de liberación de Latinoamérica está incompleta. Estoy seguro de que, así como el pueblo palestino influyó en el mundo en la lucha antiimperialista y anticolonial, Latinoamérica será fundamental para la revolución que ha de venir para que alcancemos el «buen vivir» para todos los pueblos.
