Bajo el argumento de la austeridad, el presidente electo anunció el cierre de 14 embajadas, la ruptura de relaciones con Cuba y Nicaragua, la suspensión de la representación en Palestina y el traslado de la embajada en Israel a Jerusalén. Expertos consultados por RAYA advierten que estas decisiones coinciden con los intereses geopolíticos de Washington y Tel Aviv, alejan a Colombia del Sur Global y pueden afectar sus procesos de paz, sus relaciones regionales y el acceso a mercados emergentes de África y Asia.
Por: David González M.
Sin que hasta ahora haya hecho público un estudio técnico que sustente la medida y en una alocución de unos minutos por redes sociales, Abelardo de la Espriella anunció el cierre de 14 embajadas colombianas en distintos lugares del mundo. Expertos en política internacional califican la decisión como un retroceso, advierten que la selección de países y las demás decisiones anunciadas llevan a preguntar si la política exterior colombiana quedará subordinada a los intereses de Washington y del gobierno israelí.
La decisión de Abelardo se suma a la anunciada de, además, suspender la embajada en Palestina, reabrir la representación en Israel y cerrar las embajadas de Argelia, Azerbaiyán, Barbados, Cuba, República Checa, Etiopía, Ghana, Haití, Hungría, Malasia, Nicaragua, Rumanía, Senegal y Sudáfrica. Según él, alude a razones de recortes de gasto público, optimización de la red diplomática y, en algunos casos, el rechazo ideológico a «tiranías».
Jerónimo Delgado-Caicedo, profesor de Estudios Africanos, del Sur Global y Cooperación Sur-Sur en el programa de Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Externado de Colombia, dijo a RAYA: “No sé si desde Washington estén diciendo qué hacer y qué no hacer. Yo eso no lo puedo afirmar. Lo que sí podemos afirmar es que hay un alineamiento con Estados Unidos; hay un interés en defender los intereses de Estados Unidos en Colombia”.
Y los casos más llamativos de los lugares donde Abelardo decidió cerrar las embajadas colombianas apuntan en esa dirección. “Lo vemos con las declaraciones del nuevo canciller, lo vemos con las aproximaciones que ha tenido en política exterior, con la apertura de la embajada en Jerusalén, con [ruptura de relaciones] con Cuba y Nicaragua, [cierre de la embajada] en Sudáfrica”, dice Delgado-Caicedo. Y hay varias evidencias en esta decisión que llevan a preguntar a qué intereses sirve el distanciamiento de Colombia de estos países.
El cierre de la embajada en Sudáfrica y su coincidencia con la política exterior de Washington
El caso más sorpresivo es el de Sudáfrica, una potencia emergente, miembro de los BRICS y con importantes intereses comerciales en Colombia. “El anuncio del cierre de la embajada en Sudáfrica, que es el principal país de África, uno de los principales inversores africanos en Colombia —acuérdese de que ellos compraron en su momento Bavaria, compraron el Cerro Matoso, compraron AngloGold, Skandia—, es decir, ellos tenían y tienen una inversión muy fuerte en Colombia”, explica el investigador.
La decisión resulta difícil de explicar únicamente desde los intereses diplomáticos y comerciales de Colombia. Una de las claves para interpretarla es la confrontación de Sudáfrica con Israel por la causa palestina. Sudáfrica superó una política racista de apartheid y en sus relaciones internacionales desde los tiempos de Nelson Mandela ha priorizado un enfoque de defensa de derechos humanos.
Sudáfrica demandó a Israel ante la CIJ por presuntas violaciones de la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio en Gaza; esa denuncia contó con el apoyo de naciones aliadas que en su momento incluyeron incluso a Colombia, liderada por Gustavo Petro. Pero son las crecientes tensiones entre la nación africana liderada por Cyril Ramaphosa, reelecto presidente por el partido de Mandela y una alianza democrática, con el presidente Donald Trump,permiten plantear la hipótesis de que ese alineamiento incidió en el cierre anunciado por De la Espriella.
Una ley de expropiación de tierras, en una de las sociedades más desiguales del mundo, la sudafricana, llevó a Trump a hablar de «genocidio blanco». En Sudáfrica, desde los tiempos del apartheid, la mayoría de la tenencia de la tierra se concentra en una población minoritaria blanca. En respuesta, Trump firmó una orden ejecutiva suspendiendo la asistencia estadounidense a Sudáfrica y ofreciendo estatus de refugiado a los afrikáneres (minoría blanca que tuvo el poder durante el apartheid) después de acusar a Pretoria, sin aportar pruebas de una política de exterminio, de someter a agricultores blancos a un genocidio.
El secretario de Estado Marco Rubio decidió no asistir a la reunión de cancilleres del G20 en Johannesburgo, alegando que Sudáfrica estaba «haciendo cosas muy malas» al promover la agenda de igualdad y sostenibilidad. Estados Unidos terminó boicoteando la cumbre de líderes del G20 celebrada ese año en Johannesburgo. Y las tensiones siguieron agudizándose con el liderazgo que ha presentado Sudáfrica en la denuncia del genocidio en Gaza.
Y esa es precisamente la segunda gran preocupación de los anuncios de Abelardo.
Abrir la embajada colombiana en la disputada Jerusalén
El presidente electo no solo anunció que suspendería la embajada en Palestina, sino que además abriría de nuevo la representación del país, que antes estaba en Tel Aviv, en la ciudad de Jerusalén. Esto tiene profundas implicaciones diplomáticas frente al conflicto Palestina-Israel.
La mayoría de las embajadas europeas en Israel están en la ciudad costera de Tel Aviv. Jerusalén está en disputa desde 1948. Gran parte de la comunidad internacional, incluyendo resoluciones de la ONU, nunca ha reconocido a esa ciudad como capital de Israel. Su parte oriental fue anexada tras la guerra de 1967 y es reclamada también como capital del futuro Estado palestino; instalar allí una embajada puede ser interpretado como un reconocimiento unilateral de la soberanía israelí sobre la ciudad y contradice la posición sostenida por Naciones Unidas de que su estatus debe resolverse mediante negociación.
Decisión que tomó Trump en su primer gobierno al mover la embajada de EE. UU. a Jerusalén, hecho que resultó en protestas multitudinarias por todo el mundo árabe. La decisión anunciada por De la Espriella coincide con esa política exterior de Trump.
“Aquí lo que tenemos es un cambio de política y un acercamiento a un país que está violando indiscutiblemente el derecho internacional en Palestina, pero que a este gobierno en particular no le importa, porque es su puente hacia Estados Unidos”, explica el docente.
Y más allá de Palestina, también preocupa en América Latina la ruptura de relaciones con países cercanos como Cuba y Nicaragua. El primero, un protagonista de los procesos de construcción de paz en Colombia; el segundo,una nación vecina con la que Colombia comparte una amplia frontera marítima y mantiene disputas limítrofes.
El anuncio de Abelardo genera preocupaciones en sectores incluso afines a gobiernos como el de Juan Manuel Santos. Humberto de la Calle, exjefe en el proceso de paz con las Farc y exvicepresidente, advirtió: “Creo que es un error romper relaciones con Cuba. El gobierno actual de la Isla no promueve la revolución en Colombia. Eso quedó en el pasado. En cambio, Cuba ha sido esencial en la búsqueda de la paz (...)”.

https://x.com/DeLaCalleHum/status/2082482803694797196
Arlene Thickner, experta en relaciones internacionales, embajadora Itinerante para Asuntos de Género y Política Global Feminista del Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia y académica, agregó: “Romper relaciones con Cuba no solo es contraproducente y torpe desde la perspectiva de los intereses de Colombia, sino que obedece claramente al anhelo de quedar bien con Marco Rubio y la derecha republicana latina de la Florida”.
Como lo ha contado Raya en el último año, los Estados Unidos de Trump, liderados por la punta de lanza de Marco Rubio, secretario de Estado, han venido estrechando el bloqueo contra la isla socialista. Rubio, de origen cubano, ha hecho del endurecimiento de las sanciones y de la presión política contra el gobierno de La Habana uno de los ejes de su trayectoria pública. El primero de mayo de 2026, Trump firmó la orden ejecutiva 14404 que funge como un marco legal de la ofensiva contra Cuba bajo el argumento de: “Imposición de sanciones a los responsables de la represión en Cuba y de las amenazas a la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos”.
Además, en los meses sucesivos, ha impuesto sanciones comerciales a empresas cubanas, incluso a las famosas brigadas médicas cubanas por supuesto «trabajo forzoso». Esto recién el pasado 23 de julio, así como un paquete contra el turismo, la energía, comercio y seguridad en Cuba. Cuatro miembros demócratas del Congreso estadounidense visitaron La Habana y, al regresar a Estados Unidos, calificaron la situación de Cuba bajo el embargo de Rubio como un «Gaza silencioso».
En este contexto, la decisión de Abelardo de la Espriella se aparta de lo que las fuentes consultadas identifican como intereses soberanos de Colombia y de la relación histórica reciente entre La Habana y Bogotá. “Lo que ha significado Cuba para Colombia en los últimos años ha sido brutal. Ellos fueron los únicos capaces de abrir la puerta que nos llevó al acuerdo de paz. Cuba ha demostrado, nos guste o no, un interés en ayudar en el proceso de pacificación de Colombia. Lo que pasa es que este gobierno, el proceso de pacificación de Colombia, le va por otro camino”.
Y sobre Nicaragua, ni hablar. Lo resume así el profesor Delgado-Caicedo: “Con Nicaragua es más grave aún porque es un país limítrofe. Con Nicaragua tenemos que funcionar para la pesca, tenemos que funcionar para los límites, tenemos que funcionar para el tránsito de los barcos y los submarinos colombianos que van entre San Andrés y los Cayos de Arriba, porque las aguas de la mitad son de ellos. Entonces, romper con Nicaragua implica romper el único canal de comunicación que hay entre dos gobiernos que, puede que no se caigan bien, pero por lo menos hablan”.
El cierre de embajadas en África afecta los intereses nacionales
Las decisiones unilaterales anunciadas por Abelardo guardan similitudes con las que en su momento tomó el gobierno trumpista Jair Bolsonaro en el Brasil. “Hay estudios que demuestran que a Brasil le tocó volver a abrir las embajadas que cerró Bolsonaro, porque la participación en el comercio con África había disminuido; creo que del 6 al 3 %. Y la apertura de la embajada era un valor ínfimo al lado de las cifras que se estaban perdiendo en comercio”, explica Delgado-Caicedo.
Y agrega que otros estudios muestran que la apertura de una embajada puede llevar a un incremento de hasta el 120 % en el comercio entre los Estados donde se abre la embajada. “Si lo que estamos mirando es únicamente plata, cerrar una embajada es el peor negocio de todos. Lo que hay que hacer es potencializar la embajada: mande a un fulano que se encargue del comercio, y ponga la embajada a producir. Y ya estamos hablando de invertir plata en la generación de nuevos mercados”, agrega.
El experto, además, cree que lo más grave de los anuncios de Abelardo es la incapacidad de ver más allá de un gobierno y de poner los intereses del Estado colombiano por delante.El anuncio del cierre de las embajadas alimenta esa preocupación, sin contar con el anuncio de cerrar en Malasia, un país asiático que puede ser una de las economías más grandes del mundo en el mediano plazo y hoy una de las economías más relevantes del sudeste asiático.
Para el profesor, hay un problema de la sociedad colombiana que históricamente tiene una incapacidad de ver en África algo más allá del continente más pobre o el de los conflictos y de las guerras. “África es uno de los continentes, si no el que más está creciendo». Va a ser uno de los grandes del sistema internacional pronto, si es que ya no lo es. Si usted mira, por ejemplo, el G20, se va a dar cuenta de que 19 miembros son países, pero el número 20 y el número 21 son la Unión Europea y la Unión Africana. Ahí no está América Latina”.
“Pero es que la ceguera es tan grande. Hoy cerca de 160 empresas colombianas están exportando a África”, concluye el profesor.
