Durante el primer mes del gobierno de Abelardo De la Espriella, la Presidencia concentró la vocería oficial, condicionó las entrevistas con altos funcionarios a una coordinación previa y redujo los espacios de preguntas directas a los ministros. En el sistema de medios públicos, la programación informativa y territorial de las Emisoras de Paz fue suspendida desde el 18 de agosto. Veinte días después, la señal regresó al aire, pero con cambios significativos en su enfoque y denominación: ahora bajo el nombre de 'Emisoras de la Reconciliación'. En ese mismo periodo, la cadena privada Blu Radio cerró el espacio de dos periodistas críticas del mandatario, justificando la decisión en motivos económicos; ambas comunicadoras habían denunciado hostigamientos y presiones en los meses anteriores.
Por: Tatiana Portela
Dos días después del terremoto del 10 de agosto pasado, Abelardo De La Espriella convocó a los periodistas al Palacio de San Carlos para entregar el balance de la emergencia. Habló extenso ante los medios, pero no recibió preguntas. La escena anticipaba un modelo que el entonces presidente electo había anunciado un mes antes de posesionarse: toda la información de su gobierno sería divulgada “exclusivamente” por medio de la Oficina de Vocería Oficial y la Oficina de Prensa, un esquema que se concretó el primero de septiembre con la posesión de Miller Soto como único vocero.
Ese mismo día, Caracol Radio reveló un acta de una reunión entre responsables de comunicaciones de entidades públicas y la jefa de comunicaciones de Casa de Nariño. En el documento se instruyó, según se lee, no conceder ruedas de prensa ni entrevistas a medios que no fueran considerados “amigos”, salvo asuntos estratégicos y previa autorización de Presidencia; durante los eventos, los ministros podrían dar una declaración sin preguntas. El documento establece, además, que los anuncios de mayor impacto estarían a cargo exclusivo del presidente, mientras que el vocero de Gobierno, Miller Soto, tendría tres intervenciones diarias programadas ante la prensa.
El 3 de septiembre, la Presidencia formalizó parte de esos lineamientos en la Directiva Presidencial 01 de 2026. El texto formal no repitió la categoría de medios “amigos” ni la instrucción de no recibir preguntas, pero sí estableció que ministros y altos funcionarios podrán conceder entrevistas o declaraciones siempre que hayan “consultado y coordinado previamente” con la Secretaría para las Comunicaciones y Prensa. La Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) advirtió que esa coordinación no puede aplicarse para favorecer medios afines o excluir voces críticas.
Antes de esos lineamientos, el debate ya había llegado a los medios públicos. El 16 de agosto, la ministra de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, Alexandra Falla, y la directora de Inravisión, Ángela Mora, bajo el titular “Se acaba el aparato de propaganda en el Sistema de Medios Públicos de Colombia”, anunciaron la finalización de la franja noticiosa de este sistema. Según el Gobierno, la decisión buscaba reorientar los medios públicos hacia contenidos de cultura, arte y educación con independencia política. Al día siguiente, Inravisión suspendió la programación informativa y territorial de las 20 emisoras de Paz, creadas tras el Acuerdo de Paz de 2016 con el objetivo de informar a las comunidades más afectadas por el conflicto armado interno. Desde el 18 de agosto, las estaciones transmitieron únicamente programación musical desde Bogotá durante más de dos semanas. Esta medida también alcanzó a las emisoras descentralizadas de Radio Nacional de Colombia.
El Gobierno sostuvo además que estas emisoras se convirtieron en plataformas de propaganda durante la administración de Gustavo Petro y en cuatro casos las tildó de clandestinas, cosa que generó rechazo por el grave riesgo que era afirmación significa para muchos comunicadores en los territorios. Por su parte, el senador Enrique Gómez, del Movimiento Salvación Nacional y aliado del primer mandatario, aseguró que tales emisoras eran “megáfonos oficiales de las FARC para adoctrinar regiones”. Ante este panorama, la FLIP, la Misión de Observación Electoral (MOE) y la Asociación Mundial de Radios Comunitarias (AMARC) exigieron al MinTIC restablecer la programación informativa y territorial. Las organizaciones advirtieron que la medida “restringe el acceso de comunidades enteras a la información sobre sus propios territorios”. RAYA documentó que las 20 Emisoras de Paz producían alrededor de 43 horas semanales de contenidos locales con participación de víctimas, campesinos, firmantes del Acuerdo, comunidades étnicas, mujeres, jóvenes y organizaciones sociales.
Este lunes 7 de septiembre, Inravisión informó que 16 de las 20 estaciones, ahora denominadas “Emisoras de la Reconciliación”, retomaron una programación local renovada. La nueva parrilla enumera espacios de pedagogía del Acuerdo, cultura y contenidos territoriales, pero no precisa si regresarán noticieros, boletines o franjas informativas. Las otras cuatro emisoras —Buenaventura (Valle), Agustín Codazzi (Cesar), Riosucio (Chocó) y Tierralta (Córdoba)— quedaron fuera del aire mientras, según Inravisión, se tramitan las concesiones requeridas para su operación.
Este debate también pasó por los micrófonos de la emisora comercial Blu Radio. El 20 de agosto pasado Mañanas Blu 10:30 entrevistó a Jessica Molano, líder de la Emisora de Paz de El Tambo, Cauca, y a Wilson Cartagena, periodista de la Emisora de Paz de Ituango, sobre esa decisión. Once días después, Caracol Televisión, la empresa matriz de la emisora, puso fin al programa. Aunque Caracol justificó la medida en razones económicas y de baja audiencia, la periodista Camila Zuluaga ya había advertido meses atrás sobre presiones en su contra.
Los antecedentes de presión venían de meses atrás. El 6 de mayo, en ese mismo espacio, Zuluaga reveló que De La Espriella se negó rotundamente a concederle una entrevista e instruyó a su equipo de prensa a no responderle, argumentando que cualquier frase suya sería tildada de misógina. La comunicadora cuestionó la postura oficial por atentar contra la democracia, la libertad de expresión y el derecho a la información. Más adelante, el 23 de junio, Zuluaga señaló al aire: “Sé que están pidiendo nuestra cabeza”, refiriéndose a ella y a su equipo de trabajo.
Un antecedente anterior involucró a una periodista de esa mesa, Ana Cristina Restrepo. El 29 de agosto de 2025 sostuvo un fuerte choque con De La Espriella al defender la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) durante una entrevista. El entonces precandidato señaló que era “un tribunal de la venganza”. Restrepo argumentó en sus espacios de opinión en Mañanas Blu que acabar la JEP equivalía a “desaparecer por segunda vez a las víctimas y los datos del conflicto”.
Tras este episodio, Restrepo fue blanco de ataques en redes sociales. La situación se agudizó cuando la comunicadora comparó el festejo de los simpatizantes del alcalde de Medellín Federico Gutiérrez con los de las estructuras de la época de Pablo Escobar; dicho comentario desencadenó severas críticas que obligaron a Zuluaga a ofrecer disculpas a los oyentes. El nivel de hostigamiento y las amenazas de muerte contra Restrepo llevaron a más de 200 periodistas a firmar un comunicado en su defensa, en el que exigieron investigar las intimidaciones en su contra.
El 31 de agosto, el mismo día del cierre, Zuluaga fue notificada sin la oportunidad de despedirse de su audiencia. Aunque ha guardado silencio público, su compañera Ana Cristina Restrepo ofreció declaraciones en redes sociales y medios de comunicación. En entrevista con el periodista Daniel Coronell, Restrepo afirmó: “Yo creo que el programa lo acabaron porque era un programa incómodo para Abelardo De La Espriella, para el Gobierno”. La Silla Vacía aseguró, con base en dos personas presentes en la reunión en la que se notificó el cierre, que Zuluaga dijo a su equipo: “Siento mucho que porque el gobierno pidió mi cabeza todos se tengan que ir”. El medio aclaró que no pudo confirmar un pedido expreso del Gobierno para acabar el programa.
El clima de tensión excede el caso de Blu. Tras la elección de De La Espriella, Reporteros Sin Fronteras (RSF) había advertido sobre un historial de acciones judiciales y ataques verbales contra periodistas y medios, y señaló que seguiría de cerca las condiciones para el ejercicio del periodismo bajo el nuevo gobierno.
En medio de estas presiones contra la libertad de prensa y de expresión, que ha sido leída por muchos comunicadores como el inicio de una censura abierta, se confirmó el regreso de las emisoras de Paz, aunque con modificaciones en su estructura que llaman la atención por los nombres con que se bautizaron los espacios de programación, direccionados desde el nivel central de Inravisión en Bogotá.
Esa parrilla renovada está enfocada, dice Inravisión, en la pedagogía del Acuerdo de Paz y en las realidades de cada región. La programación abarcará el horario de 6:00 am a 6:00 pm, e incluirá cinco franjas con algunos nombres que hacen alusión al eslogan de campaña de la actual Presidente de la República: “La Patria Milagro”: Milagro en el Campo, Sonidos de Mi Tierra, Tejiendo Patria, La Tarde en mi pueblo, Milagros en los Territorios.
