La filósofa Laura Quintana analiza la llegada de Paola Holguín al Ministerio de las Culturas y advierte sobre un posible giro hacia una idea homogénea de nación, el favorecimiento de perfiles empresariales y la subordinación de la cultura a los negocios corporativos. Frente a ese pronóstico, el gobierno De la Espriella promete libertad creativa, protección del patrimonio e internacionalización del talento; el rumbo se medirá en las decisiones, recursos y proyectos que priorice el Ministerio.
Por: Juan Sebastián Lozano
El pasado 17 de julio, Abelardo de la Espriella anunció el nombramiento de Paola Andrea Holguín como su ministra de Cultura en un video donde la describió como "una mujer guerrera, de la provincia", encargada de librar una "batalla cultural". En la pieza, Holguín hace el saludo militar diciendo firme por la patria, y una mujer de cuerpo escultural camina junto a un tigre por un territorio mítico con acordeoneros y mujeres bailando cumbia.
RAYA ha analizado cómo Cultura, Educación y Tecnologías de la Información aparecen en el nuevo gobierno como frentes de una misma disputa sobre lo que se enseña, se comunica y se conserva como memoria pública. La lectura de Quintana permite mirar ahora esa disputa desde el Ministerio de las Culturas y las decisiones que puede tomar su nueva dirección.
Laura Quintana es doctora en Filosofía de la Universidad Nacional de Colombia y profesora titular del Departamento de Filosofía de la Universidad de los Andes, que dirigió durante varios años. Trabaja temas de filosofía política, estética y afectos, y es autora, entre otros libros, de Política de los cuerpos: emancipaciones desde y más allá de Rancière (Herder, 2020, publicado también en inglés por Rowman & Littlefield) y Rabia: afectos, violencia, inmunidad (Herder, 2021). Esto fue lo que dijo sobre lo que se puede esperar del Ministerio bajo la nueva ministra.
"Un aparato ideológico y de propaganda"
"Diría que ella fungirá como una ministra de cultura que se encargará de reducir justamente la cultura a un aparato ideológico y de propaganda de esta nueva derecha", empieza Quintana, "que está muy alineada con valores y representaciones tradicionales de una identidad del sujeto propietario, de los valores de una supuesta familia tradicional, muy ligada también a formas de comprensión patriarcales, que no es para nada crítica de discursos y prácticas racistas, que también se alinea con intervenciones que pueden ser colonizadoras, y que piensa en una nación blanqueada, muy ligada a una narrativa de la homogeneidad y de una pacificación social que puede reproducir muchas formas de violencia".
De ahí se sigue, para ella, una consecuencia administrativa concreta: "imagino que será un ministerio que además estará atravesado por muchas prácticas de clientelismo y de favorecimiento de proyectos afines a esta línea ideológica".
Lo que no es cultura, según Quintana
Frente a ese diagnóstico, Quintana defiende otra idea de cultura —no la del patrimonio ni la de una identidad nacional única—:
"Un sentido más genuino de cultura que no se reduce ni a la defensa de un patrimonio nacional ni a la defensa de una cierta identidad, sino que tiene que ver con pensar cómo las formas de vida se articulan alrededor de lenguajes que son, por supuesto, discursivos, pero también sensoriales, ligados con la imagen, ligados con las prácticas corporales, ligados con lo sonoro, con lo olfativo, lo gustativo, que dan cuenta de la pluralidad de la existencia humana en su relación con el mundo que se habita, que también incluye lo no humano, los ecosistemas, que da cuenta de los conflictos que surgen en medio de esa pluralidad humana y de cómo se puede convivir en medio de esta, haciendo posible esa coexistencia y la hospitalidad entre los diversos".
Es una definición larga y detenida, que Quintana usa como vara de medir para lo que viene: "ese sentido más genuino de cultura creo que está completamente ausente de los intereses de esta nueva ministra". Por eso, dice, "va a intentar desbaratar avances que se habían hecho en el ministerio del gobierno Petro", relacionados con "entender que las formas de violencia en Colombia también han tenido que ver con prácticas afectivas, con formas de representación, con imágenes, con modos de reconocimiento muy ligados al poder colonial, a las formas de racismo, de patriarcado, a la naturalización de la desigualdad". Desarticular esas narrativas y esas imágenes, sostiene, "tiene que ver con ese cuidado en lo que se dice, cómo se dice, en cómo nos representamos para hacer posible la coexistencia conflictiva entre quienes somos diversos".
"Perfiles empresariales" en vez de vida digna
En un segundo mensaje, Quintana volvió sobre el tema para precisar qué cree que se pierde con el cambio de gobierno. El Ministerio de Petro, dice, había intentado alinear la cultura —y las culturas, en plural— "por el reconocimiento de la diversidad de apuestas, de autocomprensión, de manifestación, de expresión que se pueden dar en el país, de la mano con la idea de vida digna": garantizar condiciones de participación, pero también de igualdad y de "mínimos vitales" para quienes habitan el país. Ese enfoque, anticipa, va a ser reemplazado por otro: el nuevo gobierno orientará "el Ministerio hacia el favorecimiento de ciertos perfiles empresariales".
El comunicado oficial de la transición dice que Holguín convertirá la cultura en un "ecosistema de escala global" a través de la formación de públicos, la protección del patrimonio, la internacionalización del talento y la formalización de los creadores. Sobre ese enfoque, Quintana dijo: "donde la cultura esté en línea con formas de negocio, muy de la mano con la economía naranja a la Duque, y también con formulaciones ideológicas que favorecen a grandes capitales, lógicas extractivas que no ponen en cuestión para nada imaginarios racistas y patriarcales". Y agrega el reverso de esa apuesta: un ministerio que "sobre todo no está interesado en apoyar proyectos y apuestas que quieren pensar —y todo el cuidado que requiere pensar lentamente, pensar con cuidado—".
Milei, Bukele y la cultura como negocio corporativo
La última observación de Quintana conecta el estilo de gobierno con la manera como Abelardo de la Espriella se ha posicionado en el mapa de la derecha continental: "por la manera en que el nuevo mandatario se ha alineado con figuras como Milei y Bukele, seguramente será un ministerio que catapultará o se apoyará en tecnologías de inteligencia artificial y en este tipo de negocios corporativos que realmente es una instrucción del pensamiento y de la cultura". Lo contrario, dice, de "construir cultura desde las distintas territorialidades que constituyen este país tan rico pero también tan complejo y tan conflictivo".
Es un pronóstico, no un hecho consumado —el propio comunicado oficial también habla de "libertad creativa" y respaldo a los artistas, y Holguín apenas comenzó su gestión—. Pero es una lectura elaborada sobre lo que puede significar, para la cultura colombiana, que el Ministerio quede en manos de una exsenadora de derecha formada en seguridad, defensa y contrainsurgencia. La batalla cultural de De la Espriella apenas comienza.
