Por: Andrés Gómez O.
La Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) presentó ayer el Informe de Reservas y Recursos (IRR 2025) que cuantifica el petróleo y el gas existente en el país, a 31 de diciembre de 2025. Según los datos, las reservas probadas de petróleo son de 2.020 millones de barriles (relación reservas/producción de 7,4 años) y las de gas 1.717 gigapies cúbicos (relación R/P de 5,9 años). Para la ANH, las cifras evidencian un mantenimiento de la estabilidad estructural de las reservas y “fortalece las bases de su seguridad energética”, mientras que para la Agencia Colombiana del Petróleo (ACP), organización gremial, "la incorporación de nuevos descubrimientos sigue siendo limitada y confirma la necesidad de avanzar en exploración y en el desarrollo de nuevos proyectos para fortalecer la seguridad energética de Colombia". Ambas perspectivas dejan de lado una evidencia central: nuestras reservas están en declive y los resultados de la exploración en las últimas décadas no son relevantes. Según el informe, los nuevos descubrimientos en 2025 (exploración), sumaron 4 millones de barriles (Mbl) de petróleo (el 1,47% del petróleo extraído) y 60 gigapiés cúbicos (Gpc) de gas (el 20,68% del gas explotado, una cifra importante, pero no consistente con la de años anteriores).
Otras cifras del informe también nos ayudan con más elementos para la discusión: entre 2018 y 2025 Colombia incorporó 2.054 millones de barriles de nuevas reservas probadas de petróleo, una cifra en apariencia suficiente para compensar prácticamente toda la producción del período. Si detallamos de dónde provinieron esas reservas constatamos que solo 54 millones de barriles, el 2,6 % del total, fueron resultado de nuevos descubrimientos exploratorios. El restante 97% provino de recuperación mejorada de campos existentes, revisiones técnicas, reclasificaciones y mejoras en la gestión de yacimientos ya descubiertos. En el caso del gas, las reservas probadas cayeron en un 17% entre 2024 y 2025. Y en el período de análisis 2018 - 2025 se incorporó menos del 10% del total del gas que se consumió. Los datos geológicos del informe, agrupados por cuencas sedimentarias, también nos aportan claridades: el 74 % de las reservas probadas de petróleo del país se concentra en los Llanos Orientales, y en la misma zona, (Piedemonte de la Cordillera Oriental), el 41,6% de las de gas. Hidrocarburos concentrados en las cuencas más exploradas del país. Pese a las cuantiosas inversiones en exploración (USD 10.310 millones entre 2014 y 2024 según la ACP), el último gran descubrimiento ocurrió hace más de tres décadas: los campos Cusiana y Cupiagua.
El informe de la Agencia Internacional de Energía (mayor autoridad mundial en materia de políticas energéticas creada por la OCDE como respuesta a la crisis del petróleo de 1973-1974), publicado a finales del año pasado, nos muestra como la situación de Colombia es reflejo de una realidad global: las reservas de petróleo y gas están disminuyendo a tasas aceleradas y no se encuentran nuevos campos importantes. La Agencia cuantifica las inversiones necesarias en 570.000 millones de dólares anuales, que de no hacerse, implicaría que la producción mundial de petróleo disminuiría un 8% por año, en promedio, durante la próxima década. Y la explicación de esta situación aplica también para el país. La mayor parte del petróleo y gas del mundo (alrededor del 60%) se descubrió entre 1960 y 1980, yacimientos convencionales grandes y de fácil acceso, que han sido explorados y explotados a fondo. Lo que queda ahora son campos más pequeños, más profundos y que presentan mayores desafíos técnicos y económicos. En lo que va de la década de 2020, los descubrimientos anuales de petróleo y gas han promediado alrededor de 9 mil millones de barriles equivalentes de petróleo (boe), aproximadamente un 60% menos que el promedio de la década de 2010 y un 90% menos que en la década de 1960.
La insistencia de la ACP en la urgencia de otorgar nuevos contratos, cuando es el gremio que debería conocer mejor la realidad global de la industria, parece no tener sustento en las cifras. A partir del análisis de la evolución de la incorporación de reservas probadas del país, y del panorama global, es claro que no hay mayor interés por parte de las empresas por hacerse a nuevos contratos exploratorios, en un entorno geológico como el colombiano, con una baja tasa de éxito. Según el director de la ANH, “hay 95 contratos, firmados, vigentes en los que no se han podido acometer labores exploratorias, 9 millones de hectáreas”. No por casualidad empresas petroleras de gran importancia prefieren vender su participación exploratoria en el país, como es el caso de la multinacional Shell, que salió de uno de los bloques anunciados por la prensa como “el descubrimiento de la década” en las aguas del Caribe. ¿Sufrimos entonces de una crisis energética provocada por la falta de rondas para entregar nuevos contratos? Colombia no es un país petrolero, tenemos el 0,1% de las reservas globales probadas de petróleo y menos del 0,05 % de las de gas (como referencia, Venezuela posee el 17,5 % de las de petróleo y el 3,3 % de las de gas). Aquí observamos una condición geológica insuperable. ¿Cómo hacer frente al agotamiento progresivo del modelo fósil? La respuesta es clara: administrar el declive de la mejor manera, fortaleciendo alternativas económicas y energéticas diversas.
