Por: Julián Cortés
Estimado Iván, finalmente encontré un canal para comunicarme contigo. Así sea por medio de una respuesta que tú mismo solicitaste en tus redes sociales el pasado 23 de junio: “Quien tenga que hacer reclamos por cómo se dirigió la campaña, bien puede dirigirlas a mí; único responsable de eventuales desaciertos”.
Pues bien, estimado, si hay que reclamar, tenemos mucho que reclamar. Quienes llevamos décadas en esto — al igual que tú — hemos sufrido la persecución estatal, las amenazas contra nuestras vidas, el refugio en otros países, el exilio, la cárcel, las deportaciones y hasta la exclusión de posibilidades de trabajo por nuestra posición y actuar político. Sin embargo, muchos de nosotros no somos tan visibles. No porque no seamos buenos, sino porque poco hacemos uso de las cámaras de las redes y de toda esa parafernalia — incluyendo la lambonería — de la que tantos hacen gala para llegar a puestos de poder y de influencia. Otros tantos de nosotros, como ya lo he dicho en varios escenarios, no gozamos tampoco del privilegio de poder usar nuestra sexualidad para acercarnos al poder, algo que he llamado la meritocracia coital en la izquierda. Otros no creemos en la obediencia acrítica o en la disciplina que alguna vez alguien llamó como “disciplina para perros” de muchos partidos de izquierda. No por ser denigrante (por lo de disciplina) sino porque requiere de una actitud obediencial que muchos no estamos dispuestos a asumir.
Escribo — perdóname — estas líneas desde el enojo, desde la frustración, desde la tristeza de ver como las toneladas de sangre derramadas en los últimos doscientos años para llegar a un primer gobierno progresista — gracias a la firma de varios acuerdos de paz con la guerrilla de las FARC, con el M-19 y con un sector armado del ELN - CRS — quedan reducidas al espectáculo de quienes menos sufrieron las crudezas de la guerra. Ellos encabezaron los procesos, no solo en el gobierno del cambio, sino también en la campaña. Los conocemos bien. Varios de ellos, mientras muchos permanecíamos en las cárceles de Colombia, exiliados, en los territorios o en las filas del conflicto, se lucraban de los recursos que la gente y las bases en resistencia mandaban para los revolucionarios de café (como algunos de Marcha Patriótica). Ahí los vimos y los reconocemos. No hay que nombrarlos. Te rodean.
Este escrito no pretende darte una lección, ni tampoco darte rabia. Solo pretende cuestionar ciertas prácticas que hemos cuestionado siempre pero que al parecer los métodos famosos y poco efectivos del “centralismo democrático” y la “autocrítica” no parecen modificar. Más allá de aliviar el dolor que muchos colombianos sentimos por el devastador fracaso de la campaña del domingo pasado, queremos que haya un giro total en la forma como se toman decisiones en el progresismo colombiano. Por eso te planteo varias preguntas.
- ¿Bajo qué criterios organizaste los equipos de apoyo? ¿Existió algún ejercicio meritocrático, alguna convocatoria amplia? ¿O te apoyaste en un reducido círculo de los amigos de las UTLs o con aquellos acostumbrados a limpiar zapatos? (sí que los hay, no lo neguemos)
- ¿Por qué no buscaste a gente que supiera de campañas electorales? Cualquier gerente que necesita exportar un producto contrata a un experto en exportaciones. Cualquier empresa que necesita un jefe de producción contrata a un ingeniero con experiencia probada. No logro entender como tú no contrataste a un experto en campañas para dirigir la estrategia hacia la victoria. El empirismo tiene límites, la seguridad y el secreto es de manejo, y la política electoral es una disciplina científica con métodos, no una cuestión de fe. Tu como marxista experto deberías saberlo.
- ¿Por qué tanto ensimismamiento en una izquierda que lleva 100 años demostrando que sola no gana? ¿Por qué confiaste tanto en ese círculo cerrado que, día a día, cerraba puertas? Hasta a Carolina Corcho la vimos aislada. Muchos intentamos llegar a ti: jóvenes, profesionales, científicos, viejos militantes con propuestas concretas. Enviamos mensajes de WhatsApp, al amigo del amigo, al que estaba cerca de ti, etc. Tu círculo no nos dejó entrar. Nos inventaban escenarios de posibles encuentros que nunca fueron. Tu círculo más cercano, como frecuentemente se mueven algunos, lo hacían desde el miedo, no desde la seguridad. Miedo a perder su posición ante muchos más que los superan en conocimiento y con creces.
- ¿Qué te hizo Roy Barreras, además de ayudar a lograr el triunfo de Gustavo Petro y apoyar decididamente esa campaña? Si lo hubiéramos incluido a él — y a otros estrategas del centro y la socialdemocracia — bien podríamos haber ganado terreno desde el principio. Vincularlo a escondidas en los dos últimos días no significo nada. Ninguna revolución conocida se ha ganado con purismos ideológicos: ni siquiera la China que negoció con la pequeña burguesía y con el propio ejército nacionalista para derrotar a los japoneses. El propio Lenin lo advirtió en 1920: el sectarismo de izquierda es una enfermedad infantil. Ganar requiere ampliar el frente, no reducirlo. El fundamentalismo ideológico no sirve para ganar.
- ¿Por qué despreciaron a los firmantes de paz? Intentamos hablar contigo en varias ocasiones. Nos sorprende. Cuando se negoció en La Habana éramos figuras, todo el mundo quería hablar con los comandantes, con los que estábamos en las bases. Ahora, con un primer gobierno progresista que es fruto indudable del Acuerdo de Paz, nos dejaron abandonados. Más aún, pretendieron escondernos. Paradójicamente, la derecha había decretado que en esta campaña no se podía hablar de paz. Ustedes, desde su círculo de izquierda, tontamente aceptaron esa imposición. Nos ganaron en el discurso, se les olvido la lucha cultural de Gramsci. Lo leyeron y se hicieron los pendejos.
- ¿Cómo se conformó el equipo programático?, ¿Se metió la mano en un costal de nombres de amigos del movimiento estudiantil de hace 20 años, de cuando andaban convenciendo a la insurgencia de que todos los estudiantes de Colombia avanzaban resolutivamente hacia la victoria insurreccional? Así iban armando olímpicamente el gabinete mientras, con sus ínfulas de pre-ministros, negaban a otros la posibilidad de encontrarse contigo. ¿Quién les otorgó tanto poder para abrir y cerrar una cita contigo?
Termino — y se me pasan algunas preguntas — esperando que, más allá de aceptar mi furia, recibas estas palabras desde la cercanía que puede dar alguien que estuvo en la cárcel, que vivió el exilio, que es firmante de paz y que ha hecho del conocimiento una herramienta para la transformación social y los resultados. No las tomes como ofensa. Mi voz, aunque dura, es humilde y sin la soberbia de los dueños de las redes, pretende hacerte un llamado que la historia del progresismo colombiano lleva décadas clamando: necesitamos una revolución ética, pero inicialmente al interior de la izquierda. Más meritocracia — no la neoliberal — sino la valorización real de las capacidades propias de cada militante. Más democracia interna. Menos roscas. Menos revolucionarios de café. De seguro conoces esta frase: “De cada cual, según su capacidad, a cada cual según su necesidad”. Hagámosla real en la construcción de ese proyecto político llamado Pacto Histórico.
Algunos dicen que no hay que criticar personas sino comportamientos. Nada más alejado de la transformación social es quitarle el peso de la responsabilidad histórica a quienes con sus actos se pegotean los pequeños y sufridos triunfos que hemos tenido. Así que es tiempo, antes de que comiencen las nuevas batallas, de asumir las responsabilidades y cerrar el paso a quienes no cumplen con su tarea histórica. ¡Si! subimos a casi 13 millones de votos, es un logro. Pero no nos engañemos, perdimos la presidencia y hay razones más allá de las conocidas tareas imperialistas, de los medios, de los recursos del gran empresariado, y de los que se van a ver las ballenas. Ya se sabía que ese era el escenario.
No todos cabemos en el partido comunista. ¿Cómo hacemos para hacer caber a muchos, cientos, miles de colombianos que son excelentes profesionales, excelentes líderes, excelentes trabajadores, y que podrían dar más resultados que tus más cercanos e ineptos colaboradores? En un escenario de progresismos si no somos militantes de los partidos históricos, donde no hay — evidentemente — espacios razonables para otros liderazgos, entonces ¿dónde nos podemos ubicar?
Aunque un poco tarde, esta columna refleja el sentimiento de muchos, que nos arriesgamos a la necesaria crítica mientras algunos nos dicen que “esto le hace el favor a la derecha” y “no es tiempo de críticas”. La pregunta es: ¿Para cuándo hacemos la revolución en nosotros mismos? Ojalá podamos vernos algún día, junto con otros más que ni somos los “nunca”, ni somos los “nadie”, y hablar de estas y muchas cosas más.
Un abrazo de paz.

