Por: César Gualdrón
Hermanos fascistas latinoamericanos:
Debemos ser enfáticos en que su principal característica es odiar todo lo que somos. Odian que seamos liberales o progresistas o socialistas o comunistas; es decir, que seamos contradictores del “orden” que solamente favorece a los poderosos y que, por consiguiente, tiende a perpetuar la negación de los derechos de las mayorías; “orden” al cual ustedes se aferran, a pesar de que los somete a jornadas extenuantes y un vacío emocional que solamente pueden llenar con compras de artefactos cuya obsolescencia programada los mantiene esclavos de las apariencias y las deudas.
Pero ese odio no tiene raíz en ofensa alguna que les hayamos hecho en algún momento de sus vidas, sino que resulta de que no se reconocen como parte de la clase trabajadora o se avergüenzan de pertenecer a ella así como de la hermosa mixtura de colores y culturas que conforman su propio ser y caracterizan nuestro continente y al mundo entero. Por el contrario, están convencidos de que los magnates del mundo son los benefactores de la humanidad, supuestos creadores de riqueza, debido a la omnipresente propaganda que los muestra de ese modo, ocultando sus fechorías pasadas y presentes.
Necesitan que otros tengan menos propiedades, ingresos y comodidades para sentirse bien con ustedes mismos, porque eso los hace imaginariamente superiores, mientras que pesan sobre ustedes el mismo ramillete de opresiones y carencias que padecemos todos los seres humanos que no hemos nacido con los privilegios de magnates o monarcas. Entonces rechazan cualquier política orientada al mejoramiento de las condiciones de vida de sectores socioeconómicos empobrecidos, a los cuales muchas veces ustedes mismos pertenecen. Así pues, su política es la política de la mezquindad.
Ahora bien, debe decirse que ustedes son unos hipócritas, al contrario que los fascistas de las décadas de 1920, 30 y 40:
En primer lugar, porque no se reconocen como fascistas sino que mienten al presentarse como liberales o librepensadores, usurpando la denominación que corresponde al riquísimo campo político de Rousseau, Jefferson, Kant, Lincoln, Roosevelt, Adam Smith, John Stuart Mill o Keynes, entre muchos otros. De hecho, muchos de ustedes son monárquicos, convencidos de que los reyes gobernaban sin los “problemas” que generan las democracias: la participación y la ampliación del espacio para la creación de expectativas de los más desfavorecidos, las cuales se encuentran relacionadas con el concepto de igualdad social.
También suelen presentarse como “personas con criterio propio”, sin ideología o que solamente piensan desde una perspectiva técnica, pragmática o por fuera de la polarización o de lo que ustedes conciben erróneamente como “la matrix”. Muchos de ustedes son creacionistas, otros terraplanistas y también anti-vacunas, haciendo alarde de su ignorancia, así como cuando descalifican conocimientos, profesiones y desarrollos profesionales que no son directamente funcionales al mercado.
Se auto-califican falsamente como anti-sistema, a pesar de que su opción política solamente es la del mantenimiento del statu quo de desigualdad y miseria de la mayor parte de la población, inmensa masa humana de la cual ustedes hacen parte sin duda alguna. Y dicha defensa del orden establecido la hacen para sentir que pertenecen (o algún día van a pertenecer) a la porción más rica de la sociedad, sin que los verdaderos dueños de la riqueza mundial o de estos países jamás lleguen a ponerlos siquiera al nivel de sus mascotas o su ganado: acaso como insignificantes peones del juego de ajedrez.
Hipócritas porque hablan de libertad, pero la única que apoyan es la del mercado y no la de los seres humanos de escoger su estilo de vida, por ejemplo, la libertad de aquellos que luchan por el mejoramiento estructural de las condiciones de vida de la totalidad de la humanidad y que, por tanto, no desean someterse ni que los demás se sometan a la esclavitud del mercado: por ese motivo, ustedes son enemigos de los sindicatos, las organizaciones de mujeres, de indígenas, de afro-latinoamericanos, de la población lgbti, a la vez que odian a los extranjeros (solamente a aquellos pobres), y a los pobres nacionales, por supuesto.
Han estado a favor de las dictaduras militares de la derecha: el Chile de Pinochet lo consideran un ejemplo a seguir, porque acabó con la oposición democrática a sangre y fuego, implementando el neoliberalismo por primera vez en el mundo; en Argentina son entusiastas con cada andanada anti-peronista, desde los dictadores de la década de 1970, pasando por Menem en la década de 1990 hasta el actual Milei. También les encantan los autoritarismos civiles dispuestos al genocidio: Tatcher, Reagan, Bush, Trump, Bolsonaro, Fujimori, Bukele, Netanyahu, o aspirantes a golpistas como Santiago Abascal, María Corina Machado, María Fernanda Cabal, etc.
En Colombia han apoyado las privatizaciones y la flexibilización laboral de César Gaviria y su paramilitarismo, así como con la política de tierra arrasada de Alvaro Uribe, porque les encanta la violencia en contra del pueblo, pero nunca contra los magnates, quienes son los verdaderos enemigos del pueblo trabajador. Por eso mismo han apoyado en las urnas recientemente a Iván Duque, Rodolfo Hernández, Martha Lucía Ramírez y hoy a Paloma Valencia (aunque quizás de la Espriella sea su opción más genuina) puesto que estos personajes hacen parte de lo que ustedes llaman “gente de bien”, o sea, aquella gente que por nacimiento, y sin esfuerzo alguno de su parte, concentran la mayor parte de la riqueza del país; aunque ustedes se verán obligados a trabajar hasta el último de sus días, así como el resto de nosotros.
Critican nuestras formas de amar, algunas más o menos liberales que otras, diciendo que quieren una mujer tradicional-conservadora, que reprima su sensualidad y que, por sobretodo, no los contradiga en absoluto, alentando la fantasía neo-conservadora de las tradwife (esposa tradicional estilo estadounidense de la década de 1950): así podrían ejercer el autoritarismo en el ámbito familiar porque no pueden hacerlo en el público, debido a que no hacen parte de la clase dominante que tanto admiran.
Promueven la narrativa que caracteriza la machósfera (o ideología red pill) mediante la cual quieren convencerse y convencer a las nuevas generaciones de hombres, pero también de mujeres, de que el feminismo (o la perspectiva de género o de la diversidad sexual) es el enemigo a combatir, porque supuestamente es el factor que explica la crisis de la familia, sin prestar atención al sistema económico causante de dicha crisis y haciendo caso omiso de que lo más frecuente históricamente en Colombia y América Latina son las familias encabezadas por mujeres.
Así mismo, se proclaman anti-aborto, insistiendo en que la vida se reduce a “asumir consecuencias”, condenando la vivencia libre de la sexualidad, especialmente la de mujeres que han quedado embarazadas sin desear o poder asumir la procreación en determinado momento, peor aun si son de bajos recursos: quieren obligar la maternidad a toda costa. Pero, asimismo, ustedes obligan a sus jóvenes amantes a abortar con el objetivo de mantener las apariencias de cónyuges y padres de familia “ejemplares”.
Se declaran enemigos de la eutanasia, pero quieren que nos exterminen absolutamente a los sindicalistas, a los comunistas, así como lo hicieron con la militancia de la Unión Patriótica o de cualquier otra organización que reivindica los derechos del pueblo. Pero nos invitan a llorar por la muerte de los ridículos e insignificantes, aunque nefastos, personajillos de su campo político.
Ahora bien, aunque quisiera que algún día recapaciten y reconozcan que su familia es la clase trabajadora y que el gran empresariado vive a expensas de nuestro esfuerzo y sufrimiento, tengo la certeza de que sus deseos son nuestro exterminio. Sus pensamientos, sus palabras y sus apoyos políticos, cuando no sus actos, van en contra no solamente de nuestras formas de vida sino de nuestra vida misma.
Por eso es preciso desenmascararlos, sean hermanos de clase y de sangre, describirlos tal y como son, para que nadie se confunda con ustedes y sus aparentes “buenas maneras” y su estilo de vida adecuado al sistema capitalista, y se tenga bien presente que un fascista es simplemente un odiador de la humanidad, especialmente de los indefensos, mientras que es un entusiasta admirador solamente de los magnates. Su proyecto consiste en mantenernos atados al pasado, mientras que nosotros somos el futuro de la humanidad.
