Por: Migdalia Arcila
Los destinatarios de esta carta son un público amplio y diverso. Sin embargo, tengo la plena confianza de que nos une el mismo deseo por un buen vivir. Esta carta va dirigida a aquellos entre los indecisos, los abstencionistas y los que votan en blanco para quienes es fundamental la búsqueda de principios mínimos de respeto a la diferencia y de convivencia, pero que, por alguna razón, ven a Iván Cepeda y a Abelardo de la Espriella como dos extremos igualmente nocivos para la democracia colombiana. Me refiero a aquellos que creen que, en cabeza de estos dos candidatos, hay un problema de polarización entre la extrema izquierda y la extrema derecha. Esta idea es fruto de la manipulación mediática y podría llevar a ciudadanos con buenas intenciones a favorecer, activamente o por omisión, la candidatura de alguien que representa un enorme retroceso para el país y un gran peligro para nuestras comunidades más vulnerables.
Decir que Cepeda y de la Espriella son dos extremos igualmente nocivos es bastante parecido a decir cosas como “yo no soy ni machista, ni feminista” o “yo no soy ni racista, ni antirracista”. En estos casos existe generalmente una incomprensión de lo que significan cada uno de los términos y de cómo el mal llamado “polo opuesto” al machismo o al racismo no es más que la búsqueda de igualdad de derechos y de oportunidades. En otras palabras, es importante que partamos del hecho de que oponerse a la discriminación y a la violencia no constituye una postura “extrema”, de lo contrario organizaciones como la Naciones Unidas o Amnistía Internacional serían algunas de las organizaciones más extremistas del mundo. Abogar por unos mínimos de igualdad que nos permitan un buen vivir sin distinciones ligadas al género o la raza tan solo puede considerarse como una idea extremista para alguien que tenga el profundo convencimiento de que existen seres humanos de inferior categoría, seres que merecerían ser “destripados”.
Entonces, antes de sucumbir al temor de los extremos, quiero invitarlos a que nos preguntemos en qué consiste realmente esta supuesta polarización política en Colombia. De un lado tenemos a un candidato como Abelardo de la Espriella, quien además de no tener ninguna experiencia como servidor público, ha hecho su carrera defendiendo paramilitares, corruptos y abusadores sexuales. Además, su discurso público y su campaña presidencial promueven constantemente la intolerancia, la violencia y la discriminación, siendo este, más que un discurso de derecha, un discurso fascista. En otras palabras, un discurso que estigmatiza la diferencia y recurre a la intimidación como estrategia de silenciamiento. Por ejemplo, en su intervención pública tras conocer los resultados de la primera vuelta, de la Espriella aludió en más de una ocasión a la idea de “castigar a los enemigos de Colombia”. En un país como el nuestro, cuya historia de violencia ha dejado un saldo de al menos 132,877 desaparecidos –cifra que supera a los desaparecidos de las dictaduras de Argentina, Chile y Uruguay juntas—, el discurso violento de Abelardo, su manera de estigmatizar a la oposición como “los enemigos de Colombia” y sus promesas de “destripar” a las personas que no piensan como él, son anuncios claros y alarmantes de lo que nos promete en su gobierno: la pérdida de los derechos y garantías mínimas que apenas hemos empezado a construir en Colombia.
Puedo estar casi segura que aquellos que en primera vuelta no votaron por este candidato tienen muy claro el carácter fascista de Abelardo. Quiero pensar que sus decisiones en las urnas o sus ausencias en los puestos de votación están motivadas por la búsqueda de un proyecto político que no sea discriminatorio, que nos permita a todas las personas vivir bien, vivir en paz. Sin embargo, también tengo la certeza de que muchos han caído presa de la idea de que Iván Cepeda es un candidato de extrema izquierda, es decir, alguien que representa otro extremo –y como lo dirían las mamás, todo extremo es vicio—. La pregunta sería entonces ¿cuáles son esos supuestos peligros con los que nos amenaza Iván Cepeda? ¿Está él también buscando destripar a alguien?
A lo que muchos temen cuando se habla de “extrema izquierda” es a una serie de medidas económicas y políticas que podrían amenazar las libertades individuales, el crecimiento del sector privado y la inversión extranjera en el país. Hace cuatro años se explotaron estos mismos temores en contra de la candidatura de Gustavo Petro. Sin embargo, cuatro años después hemos podido comprobar cómo el progresismo del Pacto Histórico no significó la expropiación de ninguna empresa privada, ni la censura de la oposición, ni la violación al sistema de pesos y contrapesos que sostiene a la democracia colombiana, ni la perpetuación de Petro en el poder. Basta con una mirada al programa de gobierno de Iván Cepeda para corroborar que su proyecto está muy, pero muy lejos, de querer ser una dictadura.
Por supuesto, no tienen por qué creerme a mí, pero tampoco les recomiendo creerle a RCN, Caracol, El Colombiano, a la cadena de WhatsApp o a la vecina desinformada. Lo que sí les recomiendo es escuchar a los dos candidatos, leer sus programas de gobierno, y preguntarse si Iván Cepeda, alguien con años de experiencia como servidor público y como defensor de derechos humanos, representa realmente una posición extremista y nociva para el país ¿En qué medida alguien como Cepeda, que encabeza su programa de gobierno afirmando que “el verdadero cambio político y económico no se construye “contra” alguien, sino con todos y todas. No se trata de excluir, sino de incluir; no de imponer, sino de convocar”, puede entenderse como un candidato radical? ¿Son realmente equiparables como “extremos” un candidato que estigmatiza y amenaza con violencia a la oposición y otro candidato que promueve la inclusión y que ha abogado a lo largo de toda su carrera política por el diálogo y la paz?
Mi invitación es muy simple: no escuche lo que otros dicen de Iván Cepeda, ni siquiera lo que yo les estoy diciendo, escúchenlo a él y preguntense ¿es este un discurso radical? ¿Me siento amenazada o creo que otra persona podría sentirse amenazada por estas ideas? Haga lo mismo con Abelardo de la Espriella y le aseguro que el resultado va a ser contundente. Querido indeciso, abstencionista y votante en blanco, estamos ante una oportunidad única de poder defender unas garantías mínimas de respeto por la vida, de seguir construyendo una Colombia menos desigual e injusta, y de proteger nuestro derecho al desacuerdo político sin tener temor de ser criminalizados o amenazados. Usted no se está enfrentando a dos posiciones “extremistas”, usted se está enfrentando a la posibilidad de elegir un candidato y un proyecto de gobierno basado en la defensa de los derechos humanos, que por definición deberían ser una garantía mínima para todos, en contraposición a alguien como Abelardo de la Espriella quien de manera explícita ha manifestado su voluntad de agredir a quienes se le opongan, un candidato dispuesto a desconocer nuestros derechos más básicos como seres humanos.
