Por: Jimmy Viera Rivera
El actual gobierno entró con atuendo de luto, en la historia, como en la tragedia griega donde el vestuario comunicaba instantáneamente al público, el estado emocional y destino del personaje; preludio a la lectura de los decretos presidenciales draconianos para desgracia de un pueblo.
La democracia liberal agoniza desde la reciente campaña electoral donde las injerencias extranjeras y fraudes, el populismo punitivo, recetas de mano dura, la propagación de la mentira, y odio y miedo a través de las redes y bots nos recuerdan que los totalitarismos nazis y fascistas están a la orden del día.
En tiempos de totalitarismo imperial de EE. UU. que impone una dominación semicolonial en los países de su “Patio Trasero”, con sometimiento explícito por medio del “Escudo de las Américas”, los enemigos reales de la libertad, igualdad y fraternidad ya no permanecen agazapados bajo el disfraz del Estado de derecho.
La militarización es el principal instrumento estadounidense para intentar la plena recaptura de la región. El cobijo de EE. UU. en un hemisferio en momentos de crisis, se reinventa dejando atrás la democracia. Para el capitalismo, la democracia es insuficiente como régimen político de dominación, pues ya no sirve de ordenador de la lucha de clases. El más terrorífico sistema de dominación por parte del capital financiero es el fascismo, una organización política, concebida a imagen y semejanza de las plutocracias. No les importa barrer de manera total los valores éticos del liberalismo clásico, garantizando definitivamente -sin opositores- la apropiación de la naturaleza.
El nuevo régimen político, instaurado desde EE. UU. en Colombia, posee características neofascistas dependientes. Esta criatura política, amamantada desde su nacimiento por el trumpismo feroz y el sionismo genocida asume como propio el lema: “Estados Unidos, primero”. De igual modo, los nuevos mandatarios latinoamericanos de ultraderecha adoptan este principio, como si formaran parte de la Unión.
Aunque el capitalismo criminal internacional en que se inscribe Colombia, proclama la guerra contra las drogas; sin embargo, es consustancial al régimen político neofascista o carta de garantía para reproducir las nuevas tendencias ilegales y formas de acumulación de riqueza, fortaleciendo la cultura política mafiosa, protegida por EE. UU.
Estatuto Antiterrorista: punta de lanza del neofascismo
El Estatuto Antiterrorista no puede mirarse fuera del marco del nuevo régimen político de tipo neofascista en Colombia.
A diferencia de otras formas de dominación antidemocrática que representa distintos grados de reacción burguesa, el fascismo dirige una contrarrevolución política, por lo tanto, extirpa totalmente las fuerzas opositoras independientes, ata de pies y manos los movimientos sociales y amordaza, atemorizando a la clase trabajadora, para cooptarla e imponer a la Nación, una totalitaria camisa de fuerza: el Estatuto Antiterrorista.
El actual gobierno impulsa el Estatuto Antiterrorista, como un decreto presidencial, mientras gestiona en el Congreso, el proyecto de ley estatutaria.
Ante la pérdida de legitimidad tras cometer un fraude, el gobierno emite el Estatuto Antiterrorista que le brinda bajo un golpe de fuerza, ventajas para manejar la situación y desequilibrar de manera aplastante el escenario político de las fuerzas democráticas opositoras. Las medidas de tipo fascista y un agresivo ajuste económico, arrebatan las conquistas sociales y reversan las medidas económicas favorables al pueblo.
El Estatuto Antiterrorista crea una nueva arquitectura de mando, abriendo un régimen de terror mediante superpoderes de decisión de un órgano político y militar: el Consejo de Seguridad Nacional. A través de esta figura y del zar antiterrorista, convergen los hilos del poder ejecutivo, judicial, legislativo, económico y mediático, en el despacho presidencial.
Cualquier conducta que despierta miedo y zozobra, se considera terrorismo. El modelo es fiel copia de los estatutos represivos de EE. UU. donde la Constitución Nacional es irrelevante, ya que las prácticas políticas y judiciales que la arbitrariedad del poder presidencial impone, son las únicas que cuentan.
Según su naturaleza, el Estatuto Antiterrorista es símbolo del instrumento de contrarrevolución política frente a las fuerzas progresistas y de izquierda. Es una herramienta que configura eficazmente la trama de la exclusión social, política, racial y cultural, para desembocar en un exterminio. Esta medida jurídica oculta el aplastamiento a cualquier asomo de crítica por parte de la sociedad civil contra el régimen e invisibiliza al oponente.
El Estatuto Antiterrorista pretende liquidar la protesta social y, ante todo, desarticular las formas autoorganizativas del movimiento popular como las Guardias Indígenas y Guardias Cimarronas. Además, está encaminado a castigar al opositor político, bajo el estigma de terrorista o traidor a la patria e intenta perseguir a cualquier medio de comunicación que no acepta el juego del autoritarismo. También, destruye a los empresarios que no forman parte de las amistades del negocio mafioso y somete el poder legislativo y judicial. De igual modo, se utiliza para infligir la justicia sumaria o el asesinato extrajudicial, a los que “estorban”, líderes y organizaciones sociales o, para la reclusión con base en la lista OFAC o lista Clinton, en cárceles nacionales o extranjeras como lugares de exilio y destierro.
El Estatuto Antiterrorista para implantar un Estado terrorista
El terrorismo de Estado es una forma de perversión de las instituciones y de la convivencia social: un proceso creciente de prácticas ilegales promovidas desde el propio Estado, que genera las condiciones para instaurar plenamente un modelo fascista mediante la implementación sistemática del terror, hasta convertirse en un verdadero Estado terrorista. Este sería el propósito oculto del actual Gobierno a través del Estatuto Antiterrorista.
El grado de crisis del modelo de sociedad capitalista ha producido de manera sistemática en Colombia, una paulatina degradación y aparición de fórmulas absolutamente violatorias de los derechos humanos fundamentales y de los principios de legalidad y juridicidad en que reposa toda estructura democrática. Este proceso gradual de terrorismo de Estado ha existido durante toda la vida republicana y, hoy, precede abiertamente a la instauración de un Estado terrorista.
En Colombia, la manipulación de los grandes medios de comunicación fomenta sistemáticamente condicionamientos necesarios para que amplios sectores de la población acepte pasivamente la implementación de la guerra sucia contra la oposición política, como sucedió en el caso del genocidio a la UP y movimientos sociales. Además, es notoria la tolerancia a la promoción del paramilitarismo como una política de Estado o, la utilización del terror como un método estatal, por ejemplo, en más de 7.000 mal denominados “falsos positivos” y la sistemática cruzada anticomunista. De igual modo, induce al silencio frente al terrorismo como una política de Estado.
Indudablemente, la búsqueda de legitimación del terrorismo de Estado por la vía de un estatuto legitima también todas las formas de violencia, aunque desea combatirlas, ya que da lugar al discurso violento, incorporado socialmente además del crimen como una forma de resolución de conflictos políticos y sociales.
Los movimientos sociales, organizaciones y fuerzas democráticas y de izquierda, deben impulsar medios de información que develen el propósito represivo del Estatuto Antiterrorista. Además, es necesario promover la autoorganización popular, bajo un mínimo ético-político que radica en no pactar ni oxigenar ni mucho menos prolongar la existencia del régimen fascista.
Cada persona debe mantener su ética de impulsar la resistencia, no detenerse, no conciliar, no dejarse engañar, no acomodarse ni colaborar.
El régimen, incapaz de defender el orden social capitalista y contrarrestar de modo eficaz mediante la contención social y políticas económicas, las profundas inequidades o los impactos por consecuencia del terremoto, se propone institucionalizar el fascismo. Esto denota la propuesta, denominada “País Milagro” del pequeño Füher.
