Por: Jimmy Viera Rivera
Hay momentos en que las personas se miran en los espejos y no se ven, y hay otros en que una clase social se mira en el espejo de sus vecinos donde ve la imagen que desea ser y no logra, porque su imagen siniestra del pasado y sus crímenes se reflejan siempre que se mira. Cuéntate alguna
Hoy, la contienda electoral sirve también para ver cómo las derechas colombianas se muestran abiertamente de cuerpo entero y copian los actos, ademanes y comportamientos de sus pares de algunos países, sin ocultar su simpatía hacia las ejecutorias violentas de Milei, Kats, Paz, Novoa y Bukele, deseando replicarlas a pie juntillas en nuestro país.
La derecha latinoamericana no se autogobierna, sino que actúa mediante copia del gran espejo de la doctrina neomonroista o Corolario Trump sobre América Latina, expresada en el documento “Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos de América” de noviembre 2025.
La derecha colombiana se mira en un espejo vecino y quiere imitar a Javier Milei cuyo arribo al poder marcó un giro histórico hacia la derecha conservadora, impulsado por el descontento ciudadano frente a crisis económicas y corrupción en gobiernos progresistas de Kirchner y Alberto Fernández. Milei supo canalizar este enorme descontento y frustración social, a través de la propuesta de una presunta sociedad «libre y sin casta». Prometió un futuro mítico, ilusorio -sin pobres- y conservador, asimilado a un pasado de paz y tranquilidad. No obstante, implementó la motosierra económica de ajuste salvaje social que motivó levantamientos y huelga general en Argentina. El resultado es un 65% de desaprobación, debido a la represión y detenciones ilegales para desanimar al pueblo, además de acabar con el derecho a la protesta y otras garantías democráticas. También, repercutieron los despidos, el aumento descomunal de la pobreza e indigencia, el hambre del pueblo y numerosas tragedias adicionales. Un grafiti en el barrio porteño de Liniers, dice todo: “¿Habrá Argentina después de Milei?”
Otra imagen a imitar por parte de la derecha local es José Antonio Kast en Chile, que asumió el 11 de marzo de 2026, tras un desastroso gobierno del progresista Gabriel Boric. La estrategia diseñada por Kast y la coalición que postuló para triunfar en las elecciones de 2025 es la misma de la operación Júpiter en Colombia, ideada por un conservador católico irlandés -Stephen Kevin Bannon- que fue asesor del gobierno estadounidense y, vicepresidente de Cambridge Analytica. La estrategia comunicativa de Kast se focalizó en el desprecio y odio excluyente a ciertos grupos sociales y, en practicar la mentira y amenazas para provocar miedo e imponer la voluntad sobre el conjunto social. Antes que hacer énfasis en mostrar beneficios de sus propuestas, el candidato Kast desplegó una campaña de desprestigio y odio contra el gobierno saliente. Sin embargo, el balance sobre los dos meses del nuevo Gobierno deja mucho que desear, pues demuestra ya protestas callejeras contra los salvajes recortes al presupuesto social.
Otro referente es el Gobierno boliviano de Rodrigo Paz que asumió el cargo el 8 de noviembre de 2025. Este se abrió camino entre las divisiones políticas del MAS y se presentó como de centro derecha. Su política de ajuste económico para los de abajo, recorte al gasto público, suspendió el subsidio a los combustibles, elevó al doble el precio de la gasolina, expidió la retrógrada ley de tierras, exoneró de impuestos a las grandes fortunas, transacciones financieras y juegos e implementó el Régimen Extraordinario de Protección y Promoción de Inversiones Estratégicas (REPPI), copiado de la Argentina de Milei. El único camino frente a esta clase de agresiones, está marcado por la rebeldía popular y obrera del pueblo boliviano que pide la renuncia del presidente Paz.
Los altos precios del petróleo, la galopante inflación y la presión internacional sobre el dólar, darán cuenta del gobierno Trump, que se erosiona, lo mismo que el de Novoa en Ecuador.
Los pueblos latinoamericanos rompieron el primer ciclo del modelo neoliberal, mediante levantamientos populares que abrieron el período de gobiernos progresistas. Actualmente, algunos de estos se agotan y los pueblos vuelven a las calles, ante la contraofensiva neoliberal, para romper un nuevo y más brutal ciclo encaminado a imponer gobiernos de ultraderecha de corte fascista.
La catástrofe económica que la derecha anunciaba en Colombia, no sucedió a pesar de todas las guerras mediáticas, jurídicas y del resto de poderes estatales contra el Gobierno del Cambio. Al contrario, este Gobierno entrega un escenario de avance de las reformas sociales que deben profundizarse y que el pueblo debe impulsar. Es el momento de crear un poder popular que, en su autonomía y autogobierno, propicia el destino del país. Las reformas son la causa del desespero de la derecha que reacciona utilizando la mentira, a través de las corporaciones mediáticas y de ciertos medios mal llamados alternativos o independientes, financiados por la fundación privada NED (National Endowment for Democracy).
Como afirma el analista Ramses Reyes: “Estamos enfrentados a una guerra cognitiva como estrategia de dominación. El uso de las redes sociales, algoritmos y operaciones psicológicas para manipular la percepción pública, formatear la subjetividad, anular el pensamiento crítico, alterar las relaciones del ciudadano con la realidad, colonizar conciencias, buscando erosionar el proyecto revolucionario, fracturar deliberadamente la identidad colectiva, la memoria histórica, sembrar la duda, explotar la era digital, dividir al pueblo, generar disonancia cognitiva, es toda una operación de ingeniería para desmoralizar y desprestigiar a líderes, proyectos de cambio y procesos sociales”.
El denominado “Hondurasgate” además de una abierta injerencia política del Gobierno de Novoa desde Ecuador y la operación Júpiter, son el plan A de la derecha que se protege bajo el “Escudo de las Américas”. Si este plan fracasa, recurrirá a su plan B: fraude electoral por parte de la institucionalidad estatal de derecha. Desde el imperio, se anuncia ya el plan C, a través del ultraderechista “Bernie” Moreno: “Si Colombia toma el camino equivocado”, EE. UU. no reconocería posiblemente el resultado de las elecciones presidenciales.
Las dos candidaturas actuales del uribismo, dos alas del mismo pájaro, se articulan en su ideal de un Estado mínimo autoritario que, para empezar, ataca a la izquierda que quieren “destripar”, prosigue su lucha contra cualquier asomo de conquista de reformas sociales y, para terminar, enfrenta a la propia democracia que les estorba para sus fines de lucro. Ninguna disimula su profundo odio a la democracia.
El candidato que dice representar la versión moderna del uribismo se engalana ante el espejo y posa de antioligárquico, pero, solo para esconder el apoyo del capital financiero y grandes medios de comunicación. Este candidato uribista no proviene de cuna dorada, sino que es hijo de la capa social enriquecida mediante negocios emergentes non sanctos de nuevos ricos. Para conectar con la gente, muestra un halo religioso. También, es afín a la derecha digital y sintoniza con la nueva ultraderecha fascista, emula a Bukele y hace alarde del machismo, una cultura que impera en el promedio de los hombres colombianos. Además, promete militarismo y autoritarismo ilimitado, a la élite que reclama mano dura.
Así como las derechas y ultraderechas se miran en el espejo de sus vecinas, nuestro pueblo no será espectador de su propia tragedia y, por lo tanto, se mira en el espejo de las luchas de los pueblos vecinos que retoman la calle, para conducir su propio destino.
¡Que rime y que se pueda!
