Por: Juan Carlos Amador
El cristofascismo es un neologismo, propuesto por la teóloga Dorothee Sölle en 1970, que refiere a la intersección entre cristianismo y fascismo, en el contexto de regímenes autoritarios heterogéneos. Se trata de una distorsión y perversión del mensaje liberador y compasivo de Jesucristo en el que sectores conservadores radicales se abrogan una suerte de superioridad moral, social y racial, la cual los autoriza para excluir, oprimir, cosificar y hasta deshumanizar a los diferentes. La columnista María Consuelo del Río explicó las bases históricas de este movimiento en este medio.
En Colombia, el gobierno de Abelardo de la Espriella ha tomado como referencia este viejo modelo ideológico con la influencia de tres orientaciones adicionales. Por un lado, el supremacismo blanco de inspiración trumpista, caracterizado por el ultranacionalismo, la persecución a los migrantes y el intervencionismo sin filtro en otros países. Por otro lado, el sionismo revisionista, representado en Benjamin Netanyahu, que reivindica la defensa militar del Estado de Israel, la primacía de la identidad nacional judía, la expansión territorial y la legitimación del genocidio del pueblo palestino.
Y, en tercer lugar, el pentecostalismo, un movimiento religioso variopinto que, tras la sospecha al principio de la preferencia por los pobres, promovido por la teología de la liberación entre 1970 y 1980 en la región, desplegó una estrategia que integra el conservadurismo familiar, el anticomunismo, la oposición al aborto y la negación de derechos de la comunidad LGBTIQ+, de las mujeres y de los pueblos originarios. Brasil es un caso emblemático en esta materia que evidencia claros vínculos con la elección de Jair Bolsonaro como presidente (2019-2023); países como Bolivia, Perú y Colombia no son ajenos a esta tendencia.
En este contexto de discusión, el proyecto Defensores de la Patria de Abelardo de la Espriella es la manifestación de un cristofascismo criollo que se configura no solo, a partir de la alianza entre conservadurismo y religión, sino también a través de la legitimación de un discurso místico del milagro, asumido como un producto de marketing que, especialmente desde el espacio digital, canaliza las emociones de quienes desprecian la diferencia, la pulsión militarista de la mano dura y el arquetipo del elegido como aquel que ha sido llamado a combatir el mal.
El mal, además de estar representado por la izquierda, el feminismo, los ambientalistas, los pueblos ancestrales y la comunidad LGBTIQ+, está en el arte y los productos culturales alusivos a la diferencia, la diversidad, el conflicto armado y la paz. Se trata de memorias que incomodan al cristofascismo porque denuncian y transgreden las representaciones hegemónicas de la nación, situación que las convierte en objeto de censura, desprecio y desaparición. Vale recordar que el nazismo prohibió y confiscó obras del cubismo, el dadaísmo y el surrealismo, a las que calificó como arte degenerado.
Esto explica por qué, quien se declara públicamente como “el tigre”, una especie de figura antropomorfa elegida para limpiar y extirpar lo dañado, anunció que iniciará una “contrarrevolución cultural”, desde el Museo Nacional, y que dio instrucciones a su ministra de Cultura, la exuribista Paola Holguín, conocida por los presuntos vínculos de su padre con Pablo Escobar y por no contar con ningún tipo de experiencia en este sector, “para que toda esa oda al terrorismo en la que aparecen Pizarro y demás terroristas sean desaparecidos de los lugares públicos” (Revista Semana, 15 de octubre de 2026).
Esta expresión alevosa e intimidante hace alusión a una serie de representaciones artísticas sobre la memoria del pasado reciente de Colombia, ubicadas en las salas Memoria y Nación (inaugurada en 2014, presidencia de Juan Manuel Santos) y Hacer Sociedad (implementada en 2019, presidencia de Iván Duque). Con estas dos salas, el Museo Nacional buscó responder a las demandas sociales relacionadas con la divulgación de expresiones que valoren el carácter multicultural y pluriétnico del país, establecido en la Constitución Política de 1991.
La agenda de la patria milagro tiene varias estrategias que buscan borrar las apuestas políticas, sociales y culturales de lo que denomina “wokismo”. Una de estas estrategias comprende la censura a la libertad de expresión, ejercida no solo sobre sectores de la oposición, sino incluso sobre periodistas y personajes de la vida pública, abiertamente comprometidos en su campaña a la presidencia. Una tipología de censura, a propósito de lo sucedido en el Museo Nacional, es la cultural.
La censura cultural consiste en la supresión y el control de representaciones, prácticas y productos artísticos, literarios y mediáticos para limitar e incluso borrar ideas y expresiones que se consideran inapropiadas, peligrosas o contrarias al sistema de valores dominante. En esta medida, este tipo de censura se está ejerciendo actualmente en el Museo Nacional en dos niveles.
El primero refiere al retiro de obras que buscan recordar los asesinatos de candidatos de izquierda a la Presidencia, como los afiches electorales de Carlos Pizarro y Bernardo Jaramillo, que pretenden dejar constancia de procesos organizativos de la sociedad civil, como la imagen de la Séptima Papeleta, la cual hizo posible el proceso constituyente que dio origen a la Constitución de 1991, que valoran iniciativas a favor de la igualdad de género, como el afiche de la Jornada Internacional no a la violencia contra la mujer (1989), y que proponen reflexiones sobre el peso del conflicto armado en poblaciones históricamente empobrecidas e invisibilizadas, como el grabado de Carlos Correa, titulado Vía-crucis (1953), que muestra a un grupo de oprimidos cargando una pesada cruz en su inevitable camino hacia el desplazamiento forzado.
El segundo nivel de este tipo de censura alude a la imposición de estrategias de olvido que, además de distorsionar y trivializar las memorias sobre la violencia sociopolítica, representadas a través de distintas mediaciones durante las últimas décadas por distintos sectores de la sociedad, buscan su borramiento. Se trata de una forma de violencia simbólica y directa que pretende establecer qué debe ser recordado y qué debe ser olvidado mediante su extirpación. La desmemoria, así, se convierte en política de gobierno de la patria milagro.
La memoria histórica o memoria del pasado reciente, construida por artistas y otros actores como las víctimas del conflicto armado, además de denunciar los hechos atroces, busca transgredir las políticas de olvido, impuestas por los sectores dominantes, así como generar mecanismos de curación simbólica (Rubiano, 2014). Se trata de una especie de litigio estético que fomenta la reparación por medio de símbolos y la restauración de la dignidad de quienes han sido olvidados y agraviados (Amador et al, 2025).
Si los miembros de la sociedad son capaces de reconocer estos hechos de opresión, a través del arte u otras expresiones, podrán construir puntos de contacto entre la sensibilización, la reflexión, el conocimiento y la acción frente a estas realidades. Esto les permitirá conmoverse frente al dolor de los demás, comprometerse en la no repetición y promover la dignificación de quienes han vivido estos hechos. En contravía, la censura cultural del cristofascismo milagroso, promueve una memoria selectiva que profundiza la polarización y legitima el odio hacia los diferentes. Ojalá el sector cultural, empezando por el Museo Nacional, esté a la altura de este grave problema y reubique inmediatamente las obras proscritas.
Referencias
El tema dame un consejo yo te puedo llamar al de Orlando ya te llamo voy a hacer una llamadaAmador-Baquiro, J. C., Quintero-Mejía, M., & Acosta-Marroquín, N. P. (2025). Justicia restaurativa y litigio estético en Colombia: una investigación a/r/tográfica con víctimas y ofensores. Arte, Individuo y Sociedad, 37(3), 553-565. https://doi.org/10.5209/aris.100424
Del Río, M.C. (2026). ¡Viva Cristo Rey!... y sálvese quien pueda. Columna de opinión Revista Raya, 13 de octubre de 2026. https://www.revistaraya.com/maria-consuelo-del-rio-mantilla/1890-viva-cristo-rey-y-salvese-quien-pueda.html
Rubiano, E. (2014). Las formas políticas del arte: el encuentro, el combate y la curación. Revista Ciencia Política 9, n.°1, 70-86. https://revistas.unal.edu.co/index.php/cienciapol/article/view/50143
