Por: Mauricio Jaramillo Jassir
Ya nos tiene acostumbrados el gobierno a las salidas en falso, nos han comprobado a las malas que todo puede ser peor más aún cuando nos gobierna este fascismo improvisado. Antes de arrancar, el gobierno entrante no tuvo reparos en prescindir del empalme con excusas absurdas e improvisadas, anunciaba con un video de estéticas entre traquetas y chauvinistas a Paola Holguín como ministra colgándole además la tarea de emprender la Batalla Cultural. Desde entonces las decisiones arbitrarias, sin fundamento y lo peor, desprovistas de cualquier proceso de rendición de cuentas han marcado la pauta.
Naomi Klein autora de la tesis del capitalismo del desastre publicó hace unos años “Doppelganger. Un viaje al mundo del espejo”, donde advierte sobre la existencia de bufones en las extremas derechas con capacidad para decir sin sentidos, o digámoslo sin ambages, estupideces, mensajes que son llamativos no por su consistencia o lógica, sino por el desacierto. Es la disrupción, pero no apoyada en la genialidad como ha ocurrido con los artistas cercanos a los movimientos civiles de derechos humanos, sino en la más pura tontería. Todo genera ruido suficiente como para estar en la agenda.
Se empeñan en borrar la historia acomodando los perfiles, por eso el progresismo debe reivindicar como nunca a sus íconos. No pueden borrar con una norma las contradicciones insalvables de la democracia colombiana y del Frente Nacional y contra las que luchó Carlos Pizarro, demócrata y revolucionario. He aquí el choque entre historia oficial, desde arriba impuesta a la fuerza por el establecimiento y la memoria, la de las víctimas, democrática y popular.
A la historia que narra el autoritarismo anteponemos la memoria de los procesos revolucionarios con sus víctimas a cuestas. De no hacerlo, corremos el riesgo de que nos prohíban admirar a Chávez, Fidel, Beauvoir, Luxemburgo o el Ché. La derecha ha tratado de borrar su legado trascendente, no podemos permitir que su vigencia entre en disputa, fueron revolucionarios y punto. Su legitimidad no se discute, al hacerlo la abrimos a la puerta al sueño del fascismo advertido por George Orwell en 1984 “Quien controla el pasado controla el futuro, quien controla el presente controla el pasado”. Dijo Sartre sobre el Ché que fue “el hombre más completo de nuestro tiempo” y Fidel respecto de Chávez que “ni siquiera él mismo sospechaba cuán grande era”. Esta derecha extrema violenta en sus intenciones, discursos y acciones pretende ahora proscribir la admiración a los guerrilleros o revolucionarios. Se trata de un intento grosero por reescribir la historia y negar conquistas sociales adjudicables a su lucha. Detrás de cada derecho conquistado se esconden miles de luchas de anónimos que se han inspirado en estas figuras. Tratarán de tachar esta historia para detener la ampliación de los derechos, e impedir por la fuerza la inaplazable y urgente “democratización de la democracia” tal como reza la obra visionaria de Boaventura de Sousa Santos.
