Por: Mauricio Jaramillo Jassir
El periodo 81 de sesiones de la Asamblea General estuvo marcado por las denuncias encontradas desde algunos países que no toleran la agresión contra el sistema multilateral y su contraparte que ha vuelto a los anacronismos abusando del término “terrorismo”, categoría de la que se ha servido para justificar el intervencionismo. En medio de la ofensiva contra el flagelo, Colombia anunció la ruptura de relaciones con la República Islámica de Irán y la declaración del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica como una organización terrorista.
Lo anterior es un hecho que no tiene antecedentes en la política exterior de Colombia y da cuenta de una sintonía total con el gobierno de Estados Unidos. No vale la pena entrar en reflexiones sobre la situación interna de los derechos humanos en Irán, menos aún con el antecedente poco mencionado del genocidio político contra el partido comunista Tudeh cometido tanto en el gobierno de Mohamed Reza Pahlavi amigo de Occidente, como en el de los Ayatolas. Rara vez en Occidente se recuerda este evento.
Colombia eleva el tono para combatir el terrorismo, pero al mismo tiempo se distancia de los derechos humanos. No se pueden romper las relaciones con Irán desde la moralidad, la misma semana que el país se retira de la Coalición Equal Rights, mecanismo para la defensa de los derechos de la población LGTBIQ+.
Si Colombia toma de ejemplo la Unión Europea que ya ha sancionado a la entidad iraní, tal como reza el comunicado de cancillería, entonces ¿por qué no sigue el ejemplo del todo y sanciona a los colonos israelíes que agreden, violentan y asesinan a los palestinos tal como lo han hecho los europeos? Si se van a defender los derechos humanos y atacar la represión que se haga sin contradicciones, pero no se puede hablar de paz y de fin de la persecución la semana que anuncian el retiro de una Coalición internacional por evidente inspiración homofóbica.
Las mismas autoridades colombianas han reconocido en la Asamblea General de Naciones Unidas que no existe consenso sobre la definición de terrorismo. Si es así ¿bajo qué derrotero se está luchando? Para algunos Estados como Colombia resulta provechoso que no exista una concepción universalmente aceptada. Con ello pueden invocarlo cada vez que necesiten justificar el uso de la fuerza desmedido y como se trata de una figura emparentada con la seguridad nacional, escudarse en la necesidad de la reserva para no rendir cuentas.
La lucha contra el terrorismo invocada en estos términos ha sido utilizada como fachada para graves violaciones a los derechos humanos, la perpetuación de estigmas bajo el discurso de odio contra la población musulmana y el argumento perfecto para aceitar el autoritarismo silenciando a opositores poniéndoles el sombrero de enemigos de la nación. Lo hicieron los militares en el Cono Sur, recientemente los regímenes autoritarios de Alberto Fujimori y Álvaro Uribe y lo reedita ahora el aberlardismo fascista.
No hay una sola línea en esta columna de defensa a Irán, solamente se pretende advertir sobre el uso que se le está dando a la categoría de “terrorismo” en un país en el que en nombre de esta lucha se ha ejecutado extrajudicialmente, torturado, desparecido y apoyado guerras ilegales extraterritoriales. Es un mal presagio, tenemos derecho a pensar que esta mentadera de la palabra terrorista es la confirmación de la forma como asistimos a un giro autoritario que se apoya en la existencia de una extrema derecha en el mundo y ya conoce el libreto de acción para aniquilar y reprimir.
