Por: Mauricio Jaramillo Jassir
No es cierto que el avance de la extrema derecha en el mundo, incluida América Latina, sea imposible de detener. No es ni inevitable y mucho menos trascendental. El fascismo se agota porque no tiene un proyecto fundacional de propuestas más allá de la contracción de derechos. Esta extrema derecha no tiene una agenda de acciones concretas más allá del retorno a un pasado glorioso que nunca lo fue, tan solo una realidad de privilegios con márgenes de exclusión inaceptables a la luz de lo conseguido por los movimientos sociales, obreros, y en general liberales y de izquierdas a lo largo de la historia.
Por eso no sorprende el avance significativo de la izquierda en Europa y Estados Unidos, escenarios donde en los últimos años el fascismo ha ganado espacios. La victoria del partido Die Linke en la alcaldía de Berlín marca una pauta que ya venía perfilándose con el liderazgo de Zhoran Mamdami desde el 1 de enero de este año alcalde de Nueva York, y quien se ha convertido en una de las figuras del progresismo estadounidense más llamativas. Luego de Nueva York el turno es para Berlín, no en vano algunos etiquetaron el fenómeno como la “mandamización” de Die Linke. Uno de los principales asesores del alcalde neoyorkino Morris Katz participó de la campaña de Elif Eralp elegida con 25% de los votos, un porcentaje significativo teniendo en cuenta la severa crisis en la que venía ese partido en 2021 ante la renuncia de buena parte de sus cuadros y cuando se veía el avance de la extrema derecha como inevitable.
El éxito de Die Linke que traduce La Izquierda es claro, centrar su discurso en las condiciones materiales, tal como Mamdani, y más concretamente en los precios de los arriendos. Elif Eralp es hija de migrantes turcos (una de las diásporas más grandes, 3 millones en suelo alemán) abogada laboralista y una de las caras nuevas de la izquierda alemana surgida de los escombros de una socialdemocracia que no deja de perder espacios. El bloque de centro alemán compuesto por la SDF, socialdemócrata y la centro derecha democristiana CDU se encuentran en uno de los peores momentos desde la reunificación. La trascendencia que está logrando Die Linke se explica por convencer de que hay un progresismo capaz de cambiar las condiciones materiales de la gente, dicho de otro modo, volver al discurso de clase y exponer las contradicciones insalvables de un sistema financiero especulador e incompatible con las necesidades más urgentes de las clases trabajadoras.
Las cifras son reveladoras, en Berlín hay aproximadamente 300 mil propietarios, mientras casi 1,7 millones de personas viven en alquiler. Esto no parece grave sin embargo tengamos en cuenta que, entre 2015 y 2025 el precio de los arriendos escaló un 79%, cifra escandalosa que confirma cómo el aumento de estos costos afecta directamente el nivel de vida de la clase media. Valga recordar que son estos mismos segmentos los que votan a la extrema derecha porque en teoría les resuelve problemas cotidianos en seguridad y economía, no es por compatibilidad ideológica.
La izquierda avanza en Alemania, Estados Unidos, Suecia (acaba de ganar las elecciones, aunque no pueda gobernar aún) y la Francia Insumisa que representa un movimiento sin complejos de clase y sin traumas para reivindicarse como radical se perfila cada vez con más fuerza para llegar a una segunda vuelta el año que viene. ¿Quién contiene al facismo? La izquierda radical desacomplejada.
La pelea es cada vez más entre izquierda radical y fascismo, el centro paga caro convertir su pretendida moderación en gélida apatía, le allanó el camino a las derechas más radicales de la contemporaneidad y el mundo hoy depende de los progresismos para derrotar el fascismo. Enhorabuena por Die Linke y una izquierda radical, de clase que no caiga en la trampa de la moderación, están en juego nada más y nada menos que nuestros derechos.
