Por: Mauricio Jaramillo Jassir
Trasladar la misión diplomática de Tel Aviv a Jerusalén no es un error, es un acto de mala fe, de simpatía, apoyo y normalización del genocidio, al tiempo que contradicción deliberada al derecho internacional. Quedan enterrados casi que 80 años de tradición diplomática colombiana. Pregunto en mi condición de ciudadano colombiano ¿en qué beneficia nuestros intereses esa decisión? van a cerrar más de una decena de embajadas y consulados por austeridad ¿con qué cara abren una misión cuyos costos desconocemos en una ciudad que no es reconocida a la luz del derecho internacional como capital? En nombre de los 45 millones siguen apoyando la exterminación, el apartheid y la limpieza étnica con un agravante que no es menor. La Resolución 478 del Consejo de Seguridad no reconoce a esa ciudad como capital, deja sin piso jurídico la Ley Fundamental producto del integrismo religioso que la declara en términos de “eterna e indivisible” para arrebatar a los palestinos su capital y herir de muerte la posibilidad de coexistencia Palestina e Israel. Es una ley inspirada en la teoría del espacio vital de estirpe fascista y nacionalsocialista. Colombia comulga hoy con esos principios.
La propia Resolución del Consejo de Seguridad proscribe la instalación de embajadas en Jerusalén precisamente para mantener la paz. Colombia es actualmente miembro de ese Consejo y lo será hasta diciembre de 2027. Estamos sumándonos a la guerra que le declaró Tel Aviv al derecho internacional, matamos la posibilidad de dos Estados que todos los gobiernos colombianos han defendido sin distingo, y lo más grave: nos alineamos con doctrinas de racismo estructural. En este último punto es bueno recordar las declaraciones de Itamar Ben Gvir, Bezalel Smotrich o Amichau Eliyaju de “arrasar con aldeas palestinas”, “matar de 30 o 40 palestinos al día como deber” o “lanzar una bomba atómica en Gaza”. No existe parangón en la contemporaneidad de un gabinete que haya hecho una apología al odio tan abierta y siga en el poder oprimiendo. Ahora no hablan de Cisjordania como Palestina, en el pináculo del negacionismo se refieren a Judea y Samaria en términos bíblicos, es el retorno del extremismo religioso con tufo de las cruzadas.
Nos preguntamos, les pregunto e indago todos los días a mi alrededor ¿dónde p…tas están los medios, los contrapoderes? Ya sé la respuesta y los entiendo, censurados y autocensurados. Censura y propaganda, dos caras de la misma moneda, Semana da cátedra todos los días de apología al odio en contra de la población musulmana y árabe con alabanzas al genocidio. Al establecimiento colombiano no le hablaré de Carlos Marx para justificar la desobediencia a la que tiene derecho el pueblo colombiano por la ilegitimidad del actual gobierno. Le mentaré a John Locke, padre del liberalismo político citado tanto a las derechas como a las izquierdas (más las primeras) y que consagró el principio de la resistencia o desobediencia civil cuando un déspota rompe el contrato social como día a día lo hace el actual gobierno que nos taladra la constitución en nuestras narices, mientras nos entretiene con actos dignos de la sociedad del espectáculo. De todas las razones posibles para invocar la ilegitimidad de Abelardo me quedo con su apoyo expreso al genocidio en Cisjordania y Gaza, la peor tragedia en la contemporaneidad o al menos la de mayores agravantes.
Colombia y todos sus ciudadanos, deberemos asumir la responsabilidad histórica de esta posición, pasaremos a engordar las paginas de la historia universal de la infamia. Somos responsables, todos asumiremos la carga del exterminio.
