Por: Aiden Salgado Cassiani
En las últimas décadas, en Colombia se han adelantado tres planes nacionales decenales de educación desde la aprobación de la Ley General de Educación 115 de 1994. En su artículo 72, esta ley estableció la elaboración de dichos planes cada diez años, lo cual fue reglamentado un año después mediante el Decreto 1719 de 1995. A partir de ese momento, el gobierno correspondiente elabora su plan, el cual —según establece la ley— debe ser participativo, no solo con el estamento educativo, sino también con el mayor número posible de miembros de la sociedad. Para cada plan se utilizan estrategias que responden al momento y a los intereses de los gobiernos de turno, los cuales, naturalmente, suelen estar alineados con dichos intereses. Además, estos planes se articulan con el Plan Nacional de Desarrollo, que constituye la brújula de cada administración nacional.
Para el caso de la población negra, afrocolombiana, raizal y palenquera, es de vital importancia la elaboración de este plan, que es donde debe verse reflejada su apuesta en términos educativos inclusivos, transformadores, críticos y antirracistas. Una apuesta en este caso puede ser la implementación de los estudios afrocolombianos, que no se reducen a la Cátedra de Estudios Afrocolombianos; es un campo más allá, que todavía está en construcción. Pero podemos atrevernos a decir que incluye la presentación en el sistema educativo de África en toda su dimensión, desde el origen de la vida hasta la actualidad, su diáspora y afrodescendencia en todo el mundo, el Caribe con su dimensión, y las afrocolombias, entre otras. Lo que llaman los antropólogos un campo en construcción, que debe encontrar en el Plan Decenal de Educación un espacio para colocar en escena esa apuesta de implementación.
Para la visibilización de la apuesta del pueblo negro, afrocolombiano, raizal y palenquero en el sistema educativo, se conformó la Comisión Pedagógica, creada a partir de la Ley 70 de 1993 y reglamentada mediante el Decreto 2249 de 1995. Esta comisión es la encargada de asesorar la política educativa y etnoeducativa para este sector poblacional, lo que implica la implementación del currículo con los estudios afrocolombianos y la Cátedra de Estudios Afrocolombianos. Asimismo, en la educación superior promueve el acceso a las universidades, la permanencia y graduación de los estudiantes, así como transformaciones en los pensum universitarios, entre otras acciones orientadas a una verdadera revolución educativa.
El momento actual, con un gobierno de tinte popular que plantea un discurso de cambio, es propicio para que, por medio de la educación, se profundicen las transformaciones que requiere la sociedad colombiana desde una perspectiva que reconozca a la población subalternizada, empobrecida y discriminada; esa población, a decir de Fanon, condenada de la tierra. Esas comunidades que han sido excluidas por los sistemas educativos que no han dado cuenta de su aporte a la construcción de la nación colombiana, esa misma que la historiografía oficial no reconoce como protagonista de las gestas libertarias, esa en la que se ha generado un borramiento en la historia. Para el caso del presente texto, la población negra, afrocolombiana, raizal y palenquera.
La elaboración del presente plan es la oportunidad para que desde el Gobierno Nacional y el Ministerio de Educación se agencien o propicien las transformaciones necesarias para construir una nueva ciudadanía, con sujetos críticos de la realidad social que se vive. Es el momento propicio para que la apuesta de las comunidades, a través de la Comisión Pedagógica y los otros actores clave de la educación del pueblo negro, impulsen sus agendas.
Es la educación el medio de socialización más relevante de una sociedad, por su sistema pasan todos los miembros de las comunidades. Con una apuesta a transformarla se siembra para construir una ciudadanía nueva. Es el momento de impulsar la descolonización de la sociedad colombiana mediante la transformación de los contenidos que se imparten en la educación. En ello debe fundamentarse la apuesta del gobierno por generar nuevas ciudadanías.
Para el caso de la población afrocolombiana, negra, raizal y palenquera, existen materiales ya elaborados que pueden servir de insumo para la construcción de esa propuesta en el marco del Plan Nacional Educativo. Entre ellos se encuentran las memorias de la Expedición Pedagógica Nacional, los eventos etnoeducativos y, en el ámbito universitario, las memorias de los Encuentros Nacionales de Estudiantes Universitarios Afrocolombianos (ENEUA), así como la propuesta de la MANE Afro, entre otros, incluyendo la memoria de los anteriores foros etnoeducativos. Con esto planteo que no se parte de cero, porque en la actualidad los estudios o temas afro que le pueden aportar a la construcción de ese plan cuentan con materiales o procesos existentes.
Para un mejor uso de los materiales existentes y los que se pueden construir con miras a visibilizar la apuesta del pueblo negro en la educación, vía o ruta del Plan Decenal de Educación, se requiere de una articulación de los diferentes espacios representativos de la comunidad (Comisión Nacional Pedagógica, Consultiva Nacional, Espacio Nacional de Consulta Previa) con otros estamentos o sectores educativos (profesores, estudiantes, activistas educativos y líderes). En ese orden de ideas, se requieren espacios para estas articulaciones y construcciones. Estos espacios deben tener presente lo económico y los espacios de concertación, pero no puede ser lo fundamental; lo fundamental es la apuesta política del pueblo negro en la transformación del sistema educativo colombiano.
Por una educación diversa, antirracista y popular.
Desde el Palenque, un cimarrón todavía.
