Por: Aiden Salgado Cassiani
Escribir sobre el día de la afrocolombianidad, que conmemora 174 años de la abolición legal de la esclavitud en Colombia, reviste en el momento actual un carácter especial por múltiples razones: la primera, el 31 de mayo son las elecciones presidenciales; la segunda, nos encontramos finalizando el primer gobierno progresista con tinte de izquierda, encabezado por el presidente —exguerrillero— Gustavo Petro Urrego y la vicepresidenta negra afrocolombiana con discurso feminista-ambientalista Francia Márquez Mina.
Esta vez, a diferencia de años atrás, frente a los debates reflexivos se ha normalizado decir "somos", "soy" o "son de izquierda", y a veces se saca pecho. Recuerdo que en 2004, al inicio del Colectivo de Estudiantes Universitarios Afrocolombiano —CEUNA—, sacamos el primer comunicado el día de la afrocolombianidad y nos tocó repartirlo de forma clandestina, en la marcha del 21 de mayo y en el evento del auditorio del Jorge Eliécer Gaitán. En los debates, cuando decíamos que éramos de izquierda, las organizaciones nacionales afrocolombianas nos señalaban; incluso supimos que le decían a otros estudiantes que con nosotros no se juntaran. Fueron escenarios donde fuimos señalados de ser guerrilleros, y pocas personas del movimiento negro estuvieron cerca de nosotros.
Lo que en ese comunicado decíamos se convirtió hoy en algo natural, y lo dicen muchas personas, incluidas las organizaciones nacionales: "somos progresistas" y algunas hasta "de izquierda", con otras palabras. En este comunicado denunciamos, como hoy, que había grandes cantidades de recursos para la gente negra y no se conocía claramente su destino ni su resultado real. Esos eran los debates de reflexión del día de la afrocolombianidad para nosotros, junto con el tema del racismo y la discriminación.
Hoy, como ayer, creo que el debate se centra en la calidad y las condiciones de vida de nuestras comunidades afrocolombianas: conocer los beneficios de este gobierno progresista, su impacto en la gente negra, afrocolombiana, raizal y palenquera. Me atrevo a decir que hay cambios serios y significativos que quizás muchos no estén viendo con el lente crítico de la exclusividad negra. Esto ha sido, desde mi punto de vista, por falta de estrategias. Por ejemplo, en el acceso a la educación superior: ¿cuántos estudiantes afros se han beneficiado de la matrícula cero en las universidades públicas? Cuando empezamos, alrededor de siete tenían cupos de admisión diferenciada para gente negra, hoy son alrededor de 28. Las universidades que este gobierno ha convertido en públicas —Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca y Colegio Mayor de Bolívar—, ¿cuántos estudiantes afros tienen, así como en la ampliación de cupos y programas universitarios cuánto han ingresado?
En lo laboral: ¿cuántos espacios en Ministerios y entidades gubernamentales se han creado para trabajar lo afro y tienen vinculaciones afrocolombianas? En esa disminución del desempleo, ¿cuántos afros se han empleado? En el aumento del salario a practicantes y militares, ¿cuántas personas afros están incluidas? ¿Cuántas personas negras se han beneficiado por primera vez de ese salario mínimo vital? En los programas de vivienda, ¿cuántas han sido asignadas a población afro? Y así con el resto de políticas sociales a las comunidades más vulnerables: renta joven, adulto mayor, madres comunitarias, entre otras. ¿Cuántas personas negras están incluidas? Todo eso está sin verificar por falta de estrategia de estadística étnico-racial y demográfica; en este tema nos encontramos como Estado en pañales.
Grandes obras e inversiones en territorios negros —entre ellas carreteras o vías nacionales y terciarias, inversión en territorios PDET, hospitales, universidades saneadas económicamente con incrementos de cupos y nuevos programas, sistemas de acueductos, programas de vivienda, energía, fortalecimiento a autoridades étnicas, cumplimiento de los acuerdos de paros del Pacífico— y la joya de la corona: el CONPES Pacífico liderado por la vicepresidenta, y la implementación del plan de desarrollo con acciones concertada con el ENCP, aunque no en su totalidad.
Todo lo anterior son avances significativos que permiten afirmar que este gobierno ha dejado logros importantes en las comunidades negras, afrocolombianas, raizales y palenqueras y sus territorios. La disminución de la pobreza en Colombia ha impactado también la calidad y las condiciones de vida de la gente negra, afrocolombiana, raizal y palenquera, y sobre eso debemos reflexionar en este 21 de mayo, día de la afrocolombianidad.
Estos avances en calidad y condición de vida de la gente negra, afrocolombiana, raizal y palenquera —a pesar del racismo sistémico y estructural que reportó hace unos días Naciones Unidas— no se pueden desconocer. Este gobierno tiene resultados positivos para esta población, y es indiscutible que faltó más: solo en la implementación del acuerdo de paz, capítulo étnico, se hizo mucho y faltó mucho; veníamos de nada.
Ahora, frente a estos resultados y en relación con la coyuntura política, estamos ante una realidad con hechos fácticos: se acaba este gobierno y toca elegir otro. Creo que esto no es una operación difícil de decidir: ¿mantenemos estas condiciones buscando aún más, o regresamos al pasado? Al pasado donde por siglos nos mantuvieron esclavizados, discriminados, excluidos e invisibilizados, por personas responsables de ese racismo estructural y sistémico que este gobierno ha combatido; esos mismos ricos de cuna que nos han llevado al empobrecimiento de la gente negra y sus territorios. Este es el momento de pensar la afrocolombianidad en la actualidad.
Dejo algunos puntos de bandera para la continuidad en el próximo gobierno:
-Puesta en marcha de un programa de lucha contra el racismo y la discriminación, con: empleabilidad preferencial a la población afrocolombiana del diez por ciento de los empleos en el gobierno y el Estado; pedagogía antirracista con la implementación de los estudios afrocolombianos en todo el sistema educativo; sanción disciplinaria y penal de los actos de discriminación racial, y pedagogía cultural antirracista.
-Programa de inversión dirigida a los territorios habitados mayoritariamente por gente negra, que implique: espacios de atención en salud con infraestructura y dotación, carreteras y vías de comunicación, acueductos aptos, alcantarillado y vivienda, acceso a energía limpia, y fortalecimiento de las capacidades productivas endógenas.
-Estrategia de paz desde lo local, empezando por implementar el Acuerdo de La Habana, capítulo étnico; acuerdos con actores armados locales y con estructuras nacionales y economía ilegal, priorizando soluciones dialogadas para garantizar la verdad y la no repetición.
Desde el Palenque, un cimarrón todavía.
