Por: Aiden Salgado Cassiani
Si hay una ciudad en Colombia con historia y tradiciones de la gente negra, afrocolombiana, raizal o palenquera, es Cartagena de Indias, a pesar del desconocimiento de sus élites gobernantes y dirigentes. Recordemos que Cartagena fue uno de los principales puertos de desembarque de esclavizados en el periodo de la trata transatlántica, así como también el principal territorio de cimarronajes y resistencia en la Colonia. Fue esta región una zona de rebeldía y resistencia; recordemos que fue el último bastión del ejército libertador en el periodo de la Reconquista de Pablo Morillo, con el régimen del terror de los españoles en América. En sus alrededores se constituyó el primer pueblo libre de América que hoy continúa, Palenque de San Basilio, gesta liderada por el cimarrón Benkos Bioho.
También fue Cartagena el lugar donde se creó la constitución más avanzada en derechos hacia los descendientes de africanos esclavizados, pardos y mulatos: la de 1811, que prohibió la importación y el comercio de nuevos esclavos provenientes de África y creó los primeros mecanismos de manumisión republicana mediante la creación de cajas o fondos públicos orientados a comprar paulatinamente la libertad de los esclavos. Fue esta la inspiración para que la constitución de la provincia de Antioquia (1814) y la posterior constitución de Cúcuta (1821), promulgaran la ley de vientre. En la constitución de 1811 jugaron un papel protagónico las milicias de pardos, negros y mulatos.
Como resultado de este proceso histórico y cultural, en la ciudad de Cartagena se dio uno de los mayores mestizajes de Colombia, pero también el mayor desprecio hacia su negritud por parte de la élite dominante, con un racismo duro y puro. El racismo y la discriminación se ejemplarizan y se configuran hacia esta comunidad, dirigiéndose mayormente hacia los palenqueros, que en ese momento eran considerados los negros puros en Cartagena. Producto de ello es que del palenquero se burlaban, siendo el hazmerreír cuando hablaba en la ciudad de Cartagena; de allí que los padres les prohibieran a sus hijos hablar la lengua palenquera cuando llegaran a Cartagena. Es una de las razones por las cuales este idioma estuvo a punto de perderse, por el racismo en la ciudad de Cartagena; sucedió en otros lugares, pero no en esa dimensión. Los señores de mayor edad que hablaban la lengua palenquera, hace una década, se encontraban en Barranquilla.
Hoy, dos siglos después, ese racismo y esa discriminación siguen teniendo presencia en la sociedad cartagenera, de forma consciente o inconsciente. Un ejemplo de ello se puede observar al visitar los varios barrios periféricos de la ciudad, llenos de miseria y pobreza, sin servicios públicos eficientes, lugares llenos de basureros malolientes, mendicidad, prostitución infantil, alto consumo de alucinógenos y otros males, cultivos de delincuencia. Y lo más complejo: gente negra mestiza de clase media que logró salir de ese ciclo y tener movilidad social, mejorando sus condiciones socioeconómicas, no se reconoce ni se considera negra como tal, por esa estereotipia y ese prejuicio que se mantiene. En la llamada ciudad bonita de Colombia, una de las perlas del Caribe, la de los rascacielos, el corralito de piedra.
Producto de todo lo anterior, existe una falta de cifras que den cuenta de un número real de la población negra, afrocolombiana, raizal y palenquera. El desconocimiento, la falta de apropiación de la cultura afrodescendiente y, como producto del racismo, la gente afrodescendiente continúa tratando de alejarse de lo negro, de lo “negativo”. Y una forma es negar esa herencia cultural y poblacional de los ascendientes; por eso la frase «yo no soy negro, era mi abuela o abuelo». De allí que estas personas blanco-mestizas, o negras sin conciencia, al llegar a los altos cargos de la ciudad, poco hacen por visibilizar la realidad racial en la geografía de la pobreza de la ciudad; de allí que poco o nada se haga en políticas públicas con enfoque étnico-racial en la ciudad heroica.
Hoy, a 534 años del mal llamado descubrimiento de América y el Caribe, visibilizar la realidad social, económica y cultural de la gente negra en la ciudad de Cartagena y analizar el poco presupuesto que se utiliza de forma diferenciada hacia la población negra, afrocolombiana, raizal y palenquera en esta ciudad, durante este y los últimos gobiernos, es colocar en debate público el talante racista de la élite cartagenera y sus gobernantes.
Actualmente, a diferencia de ciudades y gobernaciones con menos historia de la gente negra, afrodescendiente, palenquera y raizal (Valle del Cauca-Cali, Antioquia-Medellín, Bogotá, Cundinamarca, Atlántico, Barranquilla entre otras), que cuentan con secretarías de asuntos étnicos, direcciones de asuntos étnicos, oficinas, equipos de trabajo y otras dependencias para atender de forma diferenciada a estas poblaciones, desgraciadamente Cartagena contaba solo con una funcionaria de asesoría a la alcaldía para atender a esta población. Señor alcalde: la falta de recursos en sus planes de inversión y la invisibilización de datos sociales y demográficos también hacen parte del racismo estructural. Por eso Cartagena requiere de una voz fuerte que levante el tono, el sonido, como los pickó de esta ciudad que ayudó a construir.
Desde el Palenque, un cimarrón todavía.
