En estos 3 años y 100 ediciones, RAYA ha hecho del periodismo ambiental una apuesta periodística y ecosocial. No solo hemos denunciado el extractivismo minero y petrolero, sino también la deforestación, las formas depredadoras de la agroindustria, la mercantilización del agua, la militarización de territorios protegidos y la crueldad contra los animales. Con voces campesinas, indígenas, jóvenes y feministas hemos construido una agenda crítica alrededor del ambiente.
Por: Enrique Gamboa
En RAYA sostenemos que la crisis ambiental no es una catástrofe natural inevitable ni un fenómeno técnico que se resuelve con más consultorías internacionales. Es el resultado de un modelo capitalista y colonial que reduce la naturaleza a mercancía y convierte territorios enteros en zonas de sacrificio. En 100 ediciones hemos sostenido que la crisis ambiental no se resuelve con ajustes cosméticos al modelo de desarrollo: es producto de una lógica capitalista y colonial que mercantiliza el agua, la tierra y los bosques como si fueran simples recursos. Frente a ello, nuestras páginas han sido un espacio para afirmar una postura ecosocialista: la vida por encima de la ganancia.
Durante tres años de trabajo, este medio se ha convertido en un puente entre las comunidades y la opinión pública nacional. Hemos mostrado que cuando un páramo se explota, cuando un río se contamina o una selva se arrasa, lo que está en juego no es solo la biodiversidad, sino la soberanía y la dignidad de los pueblos. Lo que sucede en el Páramo de Santurbán con una empresa canadiense apoyada desde el mismo Estado por un exministro de Ambiente que abrió la puerta a la minería de oro, es el ejemplo más claro: los mismos que juraban proteger la vida terminan del lado de los capitales extractivos.
Uno de los objetivos trazados desde el inicio de la revista fue darle voz y visibilidad a quienes han sido relegados en los grandes medios. En ese camino hemos logrado vínculos con líderes y organizaciones de todos los departamentos del país, construyendo una agenda ambiental nutrida que abarca los cuatro puntos cardinales. La Amazonía ha ocupado un lugar especial: allí constatamos cómo la ganadería y la deforestación se ha consolidado en un matrimonio que devora especies endémicas y pone en riesgo la sobrevivencia de pueblos indígenas como los Nukak, mientras grupos paramilitares consolidan sus negocios.
Nuestros ojos también se han puesto sobre las empresas internacionales y coloniales que destruyen la Amazonía con sus trabajos extractivistas, mientras las consecuencias se pagan en el territorio. Relatamos, por ejemplo, cómo la empresa británica Amerisur continuó contaminando ríos en Putumayo a pesar de una orden del Tribunal Superior de Cundinamarca que le exigió suspender sus actividades de exploración y explotación, tras derrames de crudo que afectaron varias fuentes hídricas de la región. La compañía siguió adelante, mientras los líderes que denunciaron estas irregularidades fueron amenazados por grupos armados ilegales.
Como lo expresa el manifiesto de RAYA, nos comprometimos a contar historias que trascienden las chivas y el último minuto. Bajo ese principio hemos estado presentes en consultas y actividades ambientales que rara vez tienen espacio en los grandes medios. Es el caso del “Festival del Agua, la Montaña y la Vida” realizado en Mocoa, una iniciativa que buscó frenar las campañas de inversión social desplegadas por la empresa Libero Cobre, para abrir paso a la extracción de cobre en las montañas. El festival también fue un espacio para defender los ecosistemas de la región amazónica. Hasta allí viajamos para narrar una historia de resistencia por la biodiversidad.
En este recorrido periodístico no hemos guardado silencio frente a decisiones del Gobierno Nacional que ponen en riesgo lo más importante que dice proteger: la vida. El documental “Peligra la Gorgona” nos llevó a los municipios de Guapi y Bazán para conocer el avance en la construcción de la subestación de guardacostas de la Armada Nacional en la isla Gorgona, un proyecto financiado con recursos de Estados Unidos. Además del viaje al Pacífico, el audiovisual denuncia cómo, recién posesionado el gobierno de Gustavo Petro y Francia Márquez, se iniciaron la segunda y tercera fase de la obra, que incluyen edificaciones operativas, un tanque de combustible y un muelle.
Gracias a las denuncias realizadas en el documental, desde la Revista RAYA abrimos nuestros micrófonos en X los días 14 y 15 de febrero de 2024, para que tanto líderes de colectivos de Gorgona como el Gobierno Nacional, en cabeza de la entonces ministra Susana Muhamad, participaran en un espacio realmente democrático sobre la problemática de la isla. Cientos de ciudadanos y ciudadanas siguieron la transmisión desde distintos lugares del mundo. Cumplimos así uno de los propósitos de esta revista: ser un tejido de comunicación. La conclusión recogida fue clara: si el gobierno de Gustavo Petro quiere mantener su naturaleza progresista, debe decir no a los intereses extranjeros en zonas ambientales claves del país.
Con esa premisa denunciamos también que en el Carmen de Atrato (Chocó) el Gobierno estaría incumpliendo su palabra de priorizar los recursos naturales por encima de la explotación. La Agencia Nacional de Minería renovó el contrato de explotación de carbón por 30 años, a pesar de que no paga regalías desde 1994, hechos que hemos documentado en nuestras páginas. Como nos comprometimos a hacerle seguimiento a lo público —y nada más público que lo ambiental— seguiremos contando de cerca cómo forasteros se llevan las riquezas de un municipio conocido como la despensa agrícola del Chocó, donde hoy hay más carbón que frutas.
La presencia de nuestros periodistas no se ha limitado al ámbito nacional: también hemos producido contenido analítico en los eventos ambientales más importantes del mundo, como las COP. Desde Dubái fuimos testigos del anuncio de 10 países, entre ellos Colombia, de impulsar un tratado para la no proliferación de combustibles fósiles, una medida urgente frente al cambio climático. Una causa que hemos asumido en varias de nuestras investigaciones.
En la COP16 de Cali fuimos amplificadores de las voces indígenas y campesinas de Colombia, que buscaron mostrarse ante la comunidad internacional para explicar sus luchas y su importancia en el desarrollo alimentario y ambiental de la humanidad. Allí también analizamos cómo los recursos aprobados para cuidar la biodiversidad deben llegar efectivamente a las comunidades que la resguardan, y no diluirse en burocracia.
Porque en RAYA lo ambiental atraviesa todas las problemáticas, también hemos investigado cómo la ganadería ha sido utilizada históricamente para lavar dinero del paramilitarismo, a costa del sufrimiento animal y de la degradación de ecosistemas como humedales y selvas. Una investigación que puso el tema en debate público fue el caso de Jhon Alexander Ariza, conocido como “Toto Ariza”, narcotraficante que posa como ganadero en Santander. Ariza levantó una fortuna mediante la falsificación de placas y documentos sanitarios para simular exportaciones de ganado, legalizando miles de millones de pesos. Su historia la revelamos después de un viaje a su zona de operación en Sabanas de Torres, Santander.
La apuesta periodística de RAYA no se limita a las investigaciones: la opinión ha sido otro eje fundamental, donde los temas ambientales han tenido un lugar protagónico. En estas 100 ediciones hemos publicado columnas de hombres y mujeres que, desde sus distintas posiciones, han aportado a nutrir nuestra agenda con reflexiones sobre consultas públicas ambientales, la potencia de la Amazonia y los mecanismos de construcción de sociedad desde las comunidades campesinas. Han sido voces campesinas, indígenas, jóvenes y feministas que difícilmente encuentran espacio en los grandes medios de comunicación, pero que aquí han podido poner en debate sus propuestas y resistencias.
Cien ediciones después, reafirmamos nuestro compromiso con un periodismo ambiental crítico y ecosocialista, que incomoda a los poderes económicos, corporativos y coloniales, que amplifica las luchas de las comunidades y que defiende lo común frente al despojo. RAYA seguirá construyendo una agenda ambiental junto a líderes sociales, la juventud y niñez, para que las decisiones sobre el futuro del país y del planeta se tomen de manera informada, participativa y desde abajo. Porque la defensa de la naturaleza es inseparable de la justicia.