Por: Mauricio Jaramillo Jassir
Bien es sabido el papel de El Mercurio (diario chileno) en el golpe de Estado a Salvador Allende. Hoy sabemos la lección de aquel septiembre del 73: cada vez es más difícil que se imponga, mantenga y justifique un autoritarismo sin el control o al menos simpatía de los medios de comunicación. Lo afirmó sin ambages, Ecuador vive una deriva autoritaria caracterizada por una persecución que pronto completará una década a figuras cercanas a Rafael Correa o al progresismo. Se nos ha olvidado cómo este Estado ecuatoriano se olvidó de garantías y envalentonado por la llegada al vecindario de gobiernos de derechas actúa sin ningún reparo por las normas, tanto procesales que hablan de garantías como de las internacionales que rigen la conducta entre naciones. Esto sucede en una zona habituada al apego irrestricto al multilateralismo, pero cuyos gobiernos reaccionarios se han dejado contagiar por el fenómeno de quienes vilipendian el derecho internacional porque supuestamente erosiona la soberanía.
El arresto de la excandidata Luisa González está antecedido por hechos gravísimos que dan muestra la ausencia de Estado de derecho en el país vecino. Recordemos que a Correa le montaron un proceso a punta de bases jabonosas como las cifras exactas de todos los desvíos confesados por una persona que los anotó (incluyendo centavos) en un vuelo entre Quito y Guayaquil o la peor de todas, que Correa habría ejercido una suerte de poder mental sobre sus colaboradores a través de un “influjo psíquico”. Toda una demostración del poder de las teorías conspirativas y la forma como la derecha las abraza para perseguir a la izquierda a través de la guerra judicial (lawfare). En estos años de persecución al correísmo hemos visto la salida de decenas de funcionarios cuyo único delito es haber participado del proceso de la llamada Revolución Ciudadana entre 2007 y 2017. Ante la estupefacción de todo el continente, este Ecuador no tuvo reparos en ingresar violentamente a la embajada de México en Quito para interceptar por la fuerza a Jorge Glasm exvicepresidente y hoy preso político cuyo estado de salud es preocupante. No hay antecedentes de gobiernos civiles en América Latina que hubiesen hecho semejante barbaridad, violando la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas además de sentar un pésimo antecedente sobre la trasgresión de una costumbre y un derecho que han convertido a América Latina en líder mundial, el asilo político.
Glas al igual que Luisa González son presos políticos, grave, gravísima su situación, pero lo es aún más el papel de los medios en Colombia, lugar aparte merece Semana convertida en aparato de difusión del abelardismo, sin sonrojo en nuestra cara nos mienten, nos enmarcan las noticias y manipulan para lavarle la cara a este gobierno. Han optado por difundir y hacerle el juego a Daniel Noboa en sus acusaciones delirantes contra Luisa González que incluyen a Gustavo Petro sin fundamento, se van lanzando sin pruebas, sin que tampoco la justicia actúe dando garantías o de forma independiente. Los ejecutivos transgreden el espacio de la rama judicial sin que nadie se inmute y los medios hegemónicos siguen tolerando semejantes muestras de autoritarismo.
Todo es vergonzoso e inquietante. Una vez más lo recordamos, es el tiempo de los medios alternativos, de lo contrario, este fascismo seguirá su avance destructivo.
